Por: Columnista invitado

Lo que mal comienza

Siempre será bienvenido el debate sobre los efectos de la reforma tributaria , considerando que ésta trajo cambios profundos a la estructura tributaria.

 Sin embargo, es difícil avanzar en la discusión cuando los argumentos se sostienen en afirmaciones que no corresponden a la realidad, como en la columna Descuadre Fiscal publicada en El Espectador el 28 de septiembre.

Afirma la columna que los recaudos son muy inferiores a los previstos porque “la baja en los gravámenes al capital no logró compensarse con los mayores gravámenes al trabajo”. El problema es no solo que los recaudos no son muy inferiores a los previstos, sino que la reforma tributaria no impuso mayores gravámenes al trabajo. Si algo hizo la reforma fue reducir el costo de la mano de obra: a partir del primero de mayo los empresarios no pagan parafiscales por los salarios de sus empleados que devenguen menos de 10 salarios mínimos y a partir de 2014 tampoco lo harán por salud. Si el autor pensaba en la creación del CREE como un “gravamen al trabajo” tenemos un problema de comprensión. Este impuesto se calcula sobre las utilidades de las empresas, no sobre los salarios que paga. Lo contrario a lo que se afirma en la columna.

Al evaluar el impacto de la reforma en el frente laboral la columna afirma que los estímulos han llevado a una mayor formalización de las empresas, pero no a la formalización de trabajadores. El sustento es que en los últimos dos años y medio los cotizantes activos de pensiones “no revelan mayor variación”. Efectivamente, lo que este razonamiento demuestra es la poca capacidad de la reforma de tener efectos desde dos años antes de su aprobación. Ahora bien, si uno toma la simple precaución de mirar las cifras del periodo posterior a la aprobación de la reforma, lo que observa es un incremento en la generación de empleo formal: 350.000 empleos formales se han creado en el último año, al mes de agosto de 2013.

A partir de este “descuadre recién descubierto” se afirma que no se apropiaron los recursos suficientes para cumplir los compromisos con la infraestructura, la agricultura y la salud. Sería interesante conocer qué compromiso se dejó de atender en estas áreas. Tenemos la inversión más alta en infraestructura y se destinaron los recursos que aseguran la igualación del POS del régimen subsidiado con el contributivo.

La explicación se complementa afirmando que “la regla fiscal prohíbe conformar déficits fiscales”. Esto es falso. La regla fiscal contempla explícitamente espacio para la generación de déficit fiscal, con una senda descendente, por parte del Gobierno. El debate sobre la regla fiscal es uno de los más importantes, pero convendría que quienes participen en él la hayan leído.

Las imprecisiones se repiten: no se están introduciendo impuestos indirectos, no estamos en un momento de contracción económica (considerar que crecer 4,2% como lo hizo la economía en el segundo trimestre de este año es contracción es una verdadera innovación conceptual), sí estamos logrando un impulso al empleo (¿470.000 empleos creados en el último año también será una contracción?) y no se bajaron los ingresos al trabajo.

Preocupa que básicamente afirma que la política fiscal no debe preocuparse del mercado laboral porque “el grueso de las soluciones al empleo debe acordarse en forma directa en el mercado laboral”. Pensar la economía como una serie de compartimentos independientes y no como un sistema absolutamente interconectado puede ser uno de los más graves errores en la formulación de políticas públicas. En todo caso, un debate de esta importancia sí amerita un mínimo de atención y rigurosidad.

 

Andrés Restrepo *Viceministro Técnico – Ministerio de Hacienda y Crédito Público.

 

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