Lo que nos enseñan los países que han vuelto a clases

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En un hecho inédito para la humanidad, por primera vez en la historia cerca del 90 % de los estudiantes fueron confinados en sus hogares como mecanismo para contener el virus. Sin embargo, de ellos, más del 30 % han retornado a clases y otro grupo se prepara para hacerlo en los próximos meses. La idea de estas notas es compartir qué condiciones tuvieron en cuenta y cómo se están preparando los que lo harán en un tiempo breve.

En el momento de tomar la medida, todos los países tenían controlado el virus. En Dinamarca, por ejemplo, adoptaron la medida el 15 de abril, cuando tenían 14 nuevos casos diarios de contagio. En Austria la tomaron el 2 de mayo y para esa fecha contaban con un promedio de 50 nuevos casos diarios de contagio. Fueron muy similares las condiciones en Noruega y Australia. Así mismo, Nueva Zelanda hoy tiene tan solo 21 casos activos.

En América Latina el caso más destacado es el de Uruguay. Lo que no hay que olvidar es que dicho país tan solo ha tenido 1.024 personas contagiadas y ya están recuperadas casi todas. Aun así, el retorno fue por fases. Colombia ha registrado ocho veces más infectados en un solo día a los alcanzados por Uruguay durante toda la pandemia.

La primera lección es que la curva epidemiológica es un indicador esencial para tomar la decisión. Una constante en la mayoría de países ha sido tener en cuenta las diversas condiciones de los territorios. Son muy pocos los casos en los que han retornado al mismo tiempo todas las regiones. Hay que reconocer que en Colombia, en las principales ciudades y en la mayoría de regiones, es inviable el retorno a clases presenciales en el corto plazo, porque en ellas el virus sigue creciendo exponencialmente.

El comportamiento del virus ha permitido concluir que los niños se infectan menos y que los síntomas y consecuencias para ellos son sensiblemente más leves. Eso lo sabemos desde Wuhan en 2019. Sin embargo, la evidencia sobre el papel de los niños en la transmisión de la enfermedad es poco clara, según afirma la OMS. No es bueno confundir los dos criterios porque se extraen conclusiones equivocadas.

La segunda lección es que hay que hacer esfuerzos para retornar a la presencialidad por las indiscutibles ventajas que tiene sobre la virtualidad. El caso de Uruguay es muy diciente. El país es ejemplo mundial en conectividad. Se prepararon para ello desde el 2007 y garantizaron que todos los niños de los centros de educación estatales recibieran una computadora portátil con conexión inalámbrica en todo el territorio nacional. Pese a ello, tuvieron en cuenta que, para la socialización, la interacción y la vida emocional, la presencialidad es insustituible. Eso también lo sienten niños y jóvenes, quienes no extrañan sus lecciones de matemáticas, sino a sus compañeros, los juegos, los diálogos, los recreos y los deportes. No obstante, salvo Trump o Bolsonaro, ningún otro gobernante ha insistido en el retorno a clases mientras sus países mantienen crecimiento exponencial de la pandemia. No por casualidad son los dos países con mayor dificultad para detener los contagios y las muertes.

La tercera lección proviene de los países con infraestructura de salud sólida, orientada al bienestar social y que enfatiza en la prevención. Allí se educa a la gente en el cuidado de sí mismo, empezando por una alimentación sana. Son países que aplican más pruebas para lograr aislar al enfermo y no tener que encerrar al sano, reduciendo de esa manera los costos sociales de la utilización de los hospitales y de la paralización económica. Hay que tener presente que nos estamos comparando con países con sistemas de salud robustos y con mayor disciplina social. Por ello, una vez reabren las escuelas el seguimiento es estricto. En Reino Unido, por ejemplo, se siguió durante las siguientes semanas la prevalencia del Covid-19 en un centenar de colegios, haciendo pruebas a unos 200 profesores y alumnos en cada uno. Esto les ha permitido poder responder de manera inmediata ante los nuevos focos de contagio. Lo mismo sucedió en China, Francia, Israel o Corea. El presidente Macron dice que una de las grandes lecciones para la sociedad a futuro, será la necesidad de buscar la salud para todos. Ojalá en Colombia el apoyo al sistema de salud no se quede solo en aplausos.

La cuarta gran lección es la exigencia de las medidas de distanciamiento social y del uso de los elementos de higiene. Es algo que oímos todos los días, pero que en educación es bastante complejo de llevar a cabo, dado que muchas instituciones tienen un número alto de estudiantes, quienes se concentran en espacios cerrados y generan concurrencias en diversos momentos del día. De allí que el mundo ha optado por dividir los cursos, reorganizar horarios y exigir el uso del tapabocas. La mayoría de países han sido más flexibles con los niños menores.

Para atender la división de cursos un país como Italia, que reabrirá sus escuelas el próximo 14 de septiembre, contrató 50.000 docentes temporales que se están formando pedagógicamente en este momento. Esta medida está orientada a garantizar grupos pequeños que solo interactúen entre sí a lo largo del día. Hasta el momento la decisión es que el grupo sea de 15 estudiantes en Italia y de 20 en España. La ventaja que tienen es que, con excepción de los asiáticos, en todos estos países han disminuido el número de niños por profesor desde los años ochenta.

Con el mismo propósito, el 15% de los alumnos recibirán las clases fuera de las escuelas para evitar aglomeraciones. Esto implica habilitar espacios abiertos. Para cumplir con la condición anterior, el gobierno viene recuperado 3.000 edificios escolares que no se estaban usando y comprará el gel y las mascarillas para todos los colegios del país. Retornar a clases presenciales es conveniente, siempre y cuando se haga en el momento adecuado. Por eso, es conveniente tener en cuenta las criterios señalados por la Secretaría de Educación de Bogotá en el resto del país. La SED señala tres condiciones: La disminución de la curva epidémica de casos, la disminución de la positividad diaria de las muestras y el control o ausencia de brotes en las zonas en donde piensan abrirse los colegios. A esas, en Colombia hay que añadir, cumplir con la deuda histórica que el país tiene con las condiciones de saneamiento básico en la educación rural y contratar docentes de apoyo, para garantizar que no tengamos que arrepentirnos después, como ya nos sucedió al dejar abiertos los aeropuertos para que el virus siguiera llegando en avión o al promover el primer día sin IVA. Los errores se pagan en vidas humanas. Esa es la lección más dura y triste de todas.

Director del Instituto Alberto Merani (@juliandezubiria)

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