Visión Global

Lo que nos puede enseñar Hong Kong

Noticias destacadas de Opinión

Mientras decenas de miles de personas participaron el domingo pasado en Bogotá en el concierto del paro, “Un canto por Colombia”, en las calles de Hong Kong marchaban alrededor de 800.000 de los 7,1 millones de habitantes de la ciudad. Pese a la confianza de las autoridades locales y del régimen chino de que las protestas distanciarían al público general, dado el bloqueo de vías, la interrupción del transporte masivo, la afectación del comercio y el turismo, el vandalismo y el uso creciente de la violencia, la marcha del fin de semana demuestra que luego de seis meses la mayoría de los hongkoneses siguen simpatizando con aquéllas.

Las “cinco demandas, ni una menos” que han presentado los manifestantes (aunque vale la pena anotar que Hong Kong es una de las ciudades más desiguales del mundo) incluyen el retiro de la ley de extradición que originó las protestas, la investigación formal de la brutalidad policial (que ha cobrado la vida de al menos dos personas), la amnistía para las más de 6.000 personas arrestadas, la eliminación del término “motín” (castigable con hasta 10 años de cárcel) para tipificar las manifestaciones y el sufragio universal (para elegir todos los cargos públicos). En las elecciones del 25 de noviembre para consejos distritales, un 70 % de los electores habilitados para votar reiteraron su rechazo al statu quo al quitarles las mayorías a las fuerzas pro Pekín en 17 de los 18 distritos.

Aunque el poder real de los consejos es limitado, el valor simbólico del triunfo de las fuerzas pro democracia es inmenso. Sumadas a la decisión reciente de Trump de firmar, bajo presión bipartidista, dos leyes que sancionan a oficiales chinos y hongkoneses responsables de violaciones a los derechos humanos, y prohíben la venta de municiones de control de motines a Hong Kong, las elecciones y la continuación de las protestas han tenido el efecto de presionar al presidente de China, Xi Jinping, a “responder” a las demandas populares so riesgo de un efecto contagio en otras regiones conflictuadas, como Macau, Taiwán, Tibet y Xinjiang.

Las enseñanzas de lo que ocurre en Hong Kong abundan. He aquí varias. Primero, se trata de un movimiento sin líder único, pero con múltiples liderazgos descentralizados comprometidos con la unión, la formulación de exigencias claras y la construcción de lazos de empatía con la sociedad, pese a todo aquello que puede dividirlos. Segundo, la reticencia oficial a atender algunas de las demandas planteadas, junto con las amenazas y “líneas rojas” establecidas por Pekín, han dado más oxígeno a las manifestaciones en lugar de apaciguarlas. Algo similar se observa en Colombia, en donde la terquedad para investigar el uso excesivo de la fuerza por parte del Esmad —siendo un compromiso ya adquirido ante la OCDE— o para discutir la reforma tributaria antes de forzar su aprobación en el Congreso, solo invitan a continuar protestando. Tercero, la prolongación de las protestas y la creciente vulnerabilidad del régimen chino aumentan la probabilidad de la violencia y la represión, en lugar de una mayor rendición de cuentas del gobierno o una verdadera reforma política. A diferencia de Hong Kong, el democráticamente electo gobierno de Iván Duque podría tomar en serio las demandas de la ciudadanía si realmente quisiera.

Comparte en redes:

 

Te contamos que estamos trabajando en nuestra plataforma tecnológica para que sea más fácil de disfrutar, por eso no podrás hacer comentarios en los artículos. Estarán activos próximamente. Gracias por tu comprensión.