Por: Mauricio Albarracín

Lo que se juega en la Corte con el matrimonio igualitario

La semana pasada, la Suprema Corte de México decidió que las parejas del mismo sexo tienen derecho al matrimonio igualitario en todos los Estados de ese país federal.

Por su parte, la Corte Suprema de los Estados Unidos está pendiente de la decisión Obergefell contra Hodges, en la cual se definirá si se extiende el derecho al matrimonio igualitario a todos los Estados. Los analistas creen que el voto decisivo del magistrado Kennedy, un conservador moderado, será favorable e inclinará la balanza por la igualdad.

Ahora el turno es para nuestra Corte Constitucional, que debe resolver las tutelas que el Procurador presentó contra los jueces que decidieron celebrar matrimonios de parejas del mismo sexo cumpliendo la orden de la sentencia C-577 de 2011. A diferencia de discusiones de países hermanos, nuestro debate judicial se da en el peor clima político y mayor descrédito de nuestra más alta Corte.

La Corte Constitucional y sus nueve magistrados y magistradas se juegan mucho en este debate. La semana cuando estalló el escándalo del magistrado Jorge Pretelt, estas tutelas estaban en la agenda para discusión, pero finalmente fueron pospuestas. Ahora, retomarán el caso con una audiencia pública que será la prueba de fuego para medir el futuro del tribunal.

Primero, la Corte como institución se juega su prestigio académico y judicial porque debe decidir uno de los casos más importantes del derecho constitucional nacional e internacional. Con esta decisión, sabremos si la Corte sigue siendo progresista y se toma los derechos en serio, o si es retardataria y amiga del Procurador. El caso tiene significados profundos sobre la igualdad, las competencias institucionales, los métodos de interpretación y los abusos de las instituciones. Ahora veamos lo que se juega cada uno de los nueve en la sala plena.

El magistrado Pretelt se juega mucho como jurista. Ya sabemos que su ponencia busca anular el matrimonio igualitario para congraciarse con su base conservadora, aunque él mismo no parece tan conservador a juzgar por sus decisiones anteriores. Sin embargo, Pretelt necesita más al Procurador que a los sectores de opinión que lo criticamos vehementemente. Su prueba de fuego como magistrado será su capacidad de dirigir una audiencia equilibrada, aunque todo parece indicar que buscará citar a instituciones y personas que aplaudan su ponencia y que buscará dejar por fuera a las personas afectadas.

Las magistradas y magistrados liberales también tienen un desafío importante. María Victoria Calle, Gloria Ortiz, Jorge Iván Palacio y Luis Ernesto Vargas tienen el reto de derrotar una ponencia que lastima el corazón de la Constitución y nos lleva 20 años atrás en el debate. También se juegan su legado los magistrados Luis Guillermo Guerrero y Gabriel Eduardo Mendoza, quienes son conservadores moderados y seguramente en la sala plena estarán con posiciones muy cercanas. Guerrero fue magistrado auxiliar de Mendoza y también lo fue de Escobar Gil. Mendoza fue ponente de la sentencia C-577 de 2011 y conoce la complejidad del debate. Ambos son conservadores y no parecen muy entusiasmados en dar un paso para reconocer el matrimonio igualitario. Pero tampoco están de acuerdo con las arbitrariedades del Procurador. De hecho, Guerrero junto con Calle ordenaron al Procurador dejar de imponer su visión sobre la sentencia C-577 por violar la autonomía judicial y la intimidad de las parejas.

Finalmente, dos magistrados más se juegan su legado. Alberto Rojas acaba de regresar después del drama judicial de su elección y sabremos qué tanto de su origen liberal permanece. Por su parte, el magistrado Mauricio González, quien se retira en octubre, es una de las incógnitas más grandes. Nunca ha sido muy liberal en estos temas, aunque siempre ha votado por los derechos de parejas buscando soluciones más de centro. No obstante, dos asuntos son preocupantes: el primero es que salvó el voto en la sentencia de la semana pasada que frenó los abusos del Procurador. De hecho, fue el conservador Guerrero quien hizo la mayoría junto con Calle. El segundo es que González, aunque ha tenido la llave de la igualdad en su mano, nunca ha inclinado la balanza por nuestros derechos. No lo hizo en 2011 ni tampoco lo hizo con las mamás lesbianas en 2014. A pocos meses de salir de la Corte, González votará uno de sus últimos casos importantes y tiene la oportunidad de salir por la puerta grande de la igualdad o apoyar la ponencia de Pretelt alineada con los planes de Alejandro Ordóñez.

El caso del matrimonio igualitario pone a la Corte en el tribunal de la historia y se juega la institución, los legados de los magistrados y nuestros derechos. El día que decidan este caso, sabremos si nuestra institución más querida es capaz de salir de las cenizas del escándalo o inmolarse en las llamas de la segregación. 

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Mauricio Albarracín

Homofobia paramilitar en San Onofre

Homofobia guerrillera en Vistahermosa

El DAS, un elefante furioso