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El futuro político del país se avizora tenso y peligroso. No empieza la campaña presidencial que debe ponerle término al gobierno mafioso, criminal y perseguidor del subpresidente Duque y del presidente eterno, pero ya se presiente que tendremos una feroz jornada electoral.

La cosa es así de clara: el uribismo no solo acudirá a las alianzas que ya anunció su jefe máximo, sino que será capaz de todo, inclusive hasta de cosas lícitas, con tal de asegurar su permanencia en el poder. Este seguirá siendo el proyecto político de la más recalcitrante ultraderecha que, de llegar otra vez a la Casa de Nari, tendría como objetivo ejecutar las mismas órdenes de siempre, pero ahora para arrasar a los demás grupos políticos, porque lo que pretenden es un régimen de partido único y que sea el de ellos.

El problema no es solamente que Uribe pueda sumar a su cauda a los conservadores, sino además que restablezca los hilos fracturados con su antiguo Partido de la U y con buena parte de Cambio Radical, colectividades donde campea el oportunismo alimentado con la mermelada oficial, y que a todo eso se vinculen los grupos cristianos o los fundamentalistas religiosos. Con eso pretenden encaramar a otro ventrílocuo que bien puede ser Carlos Holmes Trujillo, Óscar Iván Zuluaga, Rafael Nieto o inclusive el agresivo delfín y empresario Tomás Uribe Moreno, o cualquier otro de esa ralea de intolerantes y aduladores que mantenga viva la llama de este régimen perverso de Iván Duque. No hay diferencias entre ellos.

La campaña política, pues, será a mordiscos. Esta vez se ensayará el peligroso experimento de que al menos un medio de comunicación de cobertura nacional oficie como rincón del uribismo, que incluya en sus páginas noticias falsas y entre sus opinadores a ciegos amanuenses de ese exaltado credo. Allí harán una defensa férrea del fracaso de este Gobierno y no se ahorrará ataque contra quien no milite en la causa de la ultraderecha. Eso explicaría los bruscos movimientos que por estos días han sacudido los escenarios del periodismo y las salas de redacción. En efecto, todo lo que ha pasado ha ocurrido porque sus principales protagonistas tienen la mirada puesta en ganar como sea la próxima contienda electoral.

¿Y las fuerzas de tendencia demócrata —entendiendo por tales a los auténticos liberales, las gentes de centroizquierda y quienes tampoco comulgan con las soluciones extremas— en qué andarán? Un acuerdo con Petro se ve imposible e inconveniente en este escenario de polarización que promueven Uribe, Duque y los suyos. A medida que se aproxime la hora crucial de las decisiones, los uribistas intentarán por todos los medios que el pelele que escojan se enfrente en las urnas con el exalcalde de Bogotá, porque así asegurarán la militancia del odio y la estigmatización.

El actual liberalismo no cuenta, está desaparecido por los bandazos de César Gaviria, jefe único y perpetuo de una colectividad que al día de hoy simplemente es una empresa de avales para aspirantes a congresistas. Solamente el Gobierno puede contar con el liberalismo, porque con su director siempre hay espacios para la concertación no de programas que favorezcan la doctrina liberal y menos al pueblo, sino para que se fortalezcan todavía más las redes del inmenso poder que acumula el enterrador del partido, el inefable y voltearepas César Gaviria.

No queda sino la opción de que la inmensa masa de librepensadores, demócratas e independientes que tengan miedo de lo que pueda ocurrir a partir de 2022 entiendan que este terremoto solo puede detenerse con una gran coalición, tejida sin personalismos. En la pasada campaña, quienes pudieron haber concretado un frente amplio resultaron vencidos por sus egos y se nos metió Duque. Ya hemos visto lo que ha sido este cuatrienio del rencor, dedicado a torpedear el proceso de paz y la JEP, a impedir que los jefes paracos cuenten sus verdades, y a interferir groseramente en las más importantes decisiones de las altas cortes, como la aprobación del aborto.

No es solo impedir que sigan los mismos en el poder, sino que no nos aniquilen al resto de los mortales.

Adenda. Raro que los aplaudidores del régimen no volvieron a ponderar el esfuerzo de Duque dizque por gobernar sin canonjías. ¿Acaso ese silencio se debe a las gestiones de María Paula Correa, Daniel Palacios y Juan Alberto Londoño, de quienes se sabe que abrieron el frasco de la mermelada oficial que quedó milimétricamente repartida para felicidad de los parlamentarios y para acallar a muchos? ¿Dónde andan Procuraduría, Fiscalía y Contraloría?

notasdebuhardilla@hotmail.com

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