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hace 2 horas
Por: Columnista invitado EE

Lo que va de Claudia López a Iván Duque

Por Gonzalo Mallarino Flórez

Qué clara de mente, qué determinada se ve Claudia López ante el tremendo desafío que nos ha planteado este virus del demonio. Y qué dubitativo y liviano se ve el presidente Duque.

Se entiende que no es una competencia, que las autoridades han de trabajar juntas, en coordinación, pero como cualquier observador incidental de las cosas que pasan, es inevitable advertirlo. A veces da la impresión de que el presidente sólo sabe hablar con slogans, o con frases de cajón. Tiene que venir alguien rápidamente y decirle al oído qué debe decir, o escribírselo en un papel. Echa uno en falta cierta fuerza de carácter, cierta reacción honda e instintiva del gobernante que sabe que a cada paso se está jugando la vida. La suya y la de muchos. Es como si el presidente no lograra observar la realidad y apelar a su fuerza moral y humana para actuar, para hilar una idea o un una acción.

Y buena parte de los miembros de su gabinete, así mismo, parecen desconcertados con frecuencia, erráticos, despistados. ¡Y dicen cada barbaridad! La dicen y uno como que no cree en lo que oyó: ¿tú oíste eso?, ¿tú oíste lo mismo que yo? No puede ser que haya dicho eso. Pero sí, lo ha dicho.

Qué flojo se ve el presidente ante esta crisis, si se le compara con la alcaldesa de Bogotá.

Ya desde la semana pasada, la alcaldesa estaba con el sirirí del simulacro. Ya tenía claro que teníamos que aislarnos para contener un poco el contagio, o por lo menos, para que se produzca en un tiempo mucho mayor y no reventemos todos -tosiendo y febriles- las clínicas y los hospitales.

Y el presidente, mortificado. Y todo su equipo de trabajo dedicado, con energía y vigor, a aclararle al país que esas decisiones sólo las podía tomar el presidente de la República. Nadie más. Esa era su preocupación. Ninguna otra. Cómo se veían de mal, ahí en la televisión, diciendo todas esas pendejadas. Es como si no supieran qué hacen, como si a cada paso tuvieran dudas, terribles dudas. O mejor, como si no entendieran lo que representan, lo que históricamente les está exigiendo la sociedad.

Que la alcaldesa reflexione, que hay que respetar la jerarquía, que todo debe estar planeado desde el palacio de gobierno. Que por favor reflexione, y eche atrás esa medida tan desatinada. Y Claudia ni se inmutó. Yo ya le avisé al presidente, yo no voy a echar nada para atrás. O sea, clara de mente, valiente, aterrizada, en verdadero contacto con la ciudad. Y los otros, con voz engolada, muy graves, recordándonos quién es el que debe tomar las decisiones en Colombia.

Pasados unos días, naturalmente, el presidente, para bien de Colombia, se subió al bus de Claudia. Y ahora estamos todos encerrados. Que es lo que hemos debido hacer hace semanas. Y haber cerrado el aeropuerto, y haber repatriado, gradualmente, a todos nuestros nacionales. Como hicimos, con gran despliegue en los noticieros, con los que estaban en la China.

¡Pero esos no eran la verdadera amenaza de contagio!

Era elemental, la amenaza era la llegada de viajeros de Europa, no los diez gatos que estaban en la China cuidándose bien, o siendo bien cuidados. ¿Cuántas veces lo dijo la alcaldesa? A las directivas del aeropuerto, a los de inmigración. Pero nada. Nos demoramos un mes, que hoy valdría oro. Tendríamos muchos menos contagiados y muchas menos posibilidades de vernos ante una crisis hospitalaria, económica y social inmensa, enorme, como estamos ahora.

Yo no creo que nos vayamos a contagiar cuatro millones de colombianos, como dicen los sabios. Yo soy cándido y optimista y creo que, gracias al aislamiento, vamos a aguantar bien, en los centros de salud, en los hospitales, en todo el sistema de atención. Por lo menos en términos generales, en términos de vidas salvadas. Hasta que el virus vaya decayendo.

Es clave estarnos en la casa. Ya no jodamos más con eso. No sigamos haciéndonos los gringos con esta pandemia. Ya está aquí. Y es muy delicado todo. Mucha gente ha muerto. El conjunto de medidas que ha tomado la alcaldesa parece sensato, parece indispensable. Yo nunca en mi vida había oído a un gobernante en este país hablarle así de claro a sus conciudadanos. Nunca. Todos van a tener alimento, todos van a tener abrigo, así dijo Claudia. Confiemos en que así será. Hay mucha gente sufriendo, alcaldesa, unos más que otros, pero todos estamos muy afectados, de una u otra manera. Y con miedo, con mucho culillo.

Tengo entendido que Claudia viene de una familia humilde, que es hija de una maestra distrital. Todo eso, más su carácter, su claridad, su sinceridad, me dan buena vibra. Me inclinan a confiar en ella en estos momento tan bravos. Ella no tiene necesidad de aparentar nada, de simular. Como otros.

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2020-03-26T00:00:47-05:00

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2020-03-26T09:27:56-05:00

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Lo que va de Claudia López a Iván Duque

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