Por: Hernán Peláez Restrepo

Lo que veremos

Uno de los tantos personajes que vieron y ven fútbol dijo alguna vez: “Las cosas que veo hoy, ya las vi y las que vi antes, no las veo hoy”. Es un verdadero juego de palabras, con un mensaje bien claro, al menos si se aplica al fútbol de la Copa Mustang II que se avecina.

Los directores técnicos comprometidos en el descenso, tienen un objetivo preciso, no perder la categoría, lo cual, aunque ellos no quisieran, los obligará a intentar ganar partidos, porque a punta de sólo empates, quizás no les alcance. En ese rubro, Júnior, Pereira, Bucaramanga, por citar sólo tres, disponen de obligaciones serias. Al menos Julio Comesaña, no engaña a nadie, pues ratificó que a él lo trajeron para salvar al Júnior de la caída y nada más.

Los técnicos de los otrora llamados grandes, sólo deben colmar el anhelo de sus seguidores, el cual es ganar la estrella, ser campeones. Santa Fe, Millonarios, Cali, Nacional y Medellín no pueden dar vueltas ni ofrecer promesas futuristas. Son mediáticos y tendrán que luchar muy duro, porque en esta clase de torneos cortos, y está demostrado, gana cualquiera. Son parejos todos los equipos, nadie mira por encima del hombro a nadie y mucho menos se confían en los nombres de sus figuras, si es que las tienen.

Otro grupo de equipos como Tolima, Once Caldas, Quindío, Cúcuta, Pasto, Huila y Envigado estarán navegando en la zona intermedia de la tabla y otros como La Equidad y Boyacá Chicó, ya almacenaron suficiente cantidad de puntos, como para no pasar afugias por allá en octubre. En ese sentido, América, que perdió en la final, podría respirar, así sus hinchas estén convencidos de que pudieron haber ganado el campeonato, si sus jugadores no se hubiesen dejado traicionar por el favoritismo.

Lo cierto es que sin  ruido, este campeonato, donde escasean los refuerzos de categoría, va por idéntica senda al primero de este año. El nivel, y en eso no hay discusión, es discreto comparado con torneos colombianos anteriores, porque muy fácil resultaría compararlo con el fútbol de otras latitudes, que inunda los hogares nuestros en los fines de semana. Además y no es misterio, muchos equipos del momento arrastran deudas, crean desconfianza y no logran armarse como entidades serias y lucrativas. Por eso tiene razón aquel que dijo: “lo que vi antes no lo veo ahora y lo que veo hoy, ya lo vi antes”.

 

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