Por: Hernán Peláez Restrepo

Lo que vi

La forma como el Real Cartagena, que tuvo en el campo más de ocho jugadores de su región, venció al Júnior. Hoy es líder, superando el trauma y los obstáculos que genera llegar de la B y acomodarse en un torneo de exigencias distintas. Con un técnico, Hubert Bodhert, quien apenas despunta y lo hace de forma agresiva, ofensiva.

Los goles de Jairo Palomino en Cúcuta y la manera como Pereira y Huila, más allá del fútbol que practican, pelean en la zona de descenso. Cómo en Bogotá, La Equidad continua exhibiendo continuidad, mientras Santa Fe, acostumbrado al uno a cero para ganar o perder, no consigue consolidar un ataque serio, pues ni Ómar Pérez y menos Juan Carlos Quintero tienen memoria de lo que hicieron el semestre pasado con el Medellín.

Millonarios, y esta vez Carmelo Valencia, que venía en buena racha, no aprovechó sus opciones delante de Héctor Landázuri, mientras Johan Fano con plena libertad y en sector propio de los zagueros centrales selló un empate que mantiene a los azules en la parte baja de la tabla, advirtiendo que van pasando las fechas y para llegar a finales son pocos los puntos que se podrían perder de aquí en adelante. Nacional mejora, aunque también acusa el lastre de puntos perdidos al comienzo. Y ni hablar del América, frenado, sin chispa, con motores apagados y lejos de su nivel de campeón.

El campeonato sigue siendo dominado por equipos con espíritu de lucha y sin complejos. Vi cómo la norma del Sub 18 va a ser reparada, porque poner jugadores para la fotografía no sirve. Hay que exigir un mínimo de 15 minutos por reglamento y si está rindiendo, el técnico lo podrá dejar más tiempo.

Claro que según muchos técnicos, y es relativamente cierto, por decreto no se consiguen ni hacen jugadores. Esa es una forma de justificar aquello de que la obediencia está por encima del talento. “Marque allí, corra acá, saque la pelota a cualquier lado, salga rápidamente de la zona defensiva”. Y si el jugador cumple, entonces poco importa si tiene talento o inventiva.

Y vi la victoria espectacular del Liverpool sobre Manchester. Lo superó en todas las líneas jugando fútbol del bueno. Terminó el juego, hubo saludos, nadie se altero, la gente se fue en paz, en una demostración precisa sobre la manera como ellos interpretan el fútbol, sin drama, sin gestos histéricos y con los jugadores corriendo sin desmayo y dedicados a su trabajo.

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