Por: Hernán Peláez Restrepo

Lo que vi!!

Tanto Millos como Santa Fe, en lugar de jugar y proponer fútbol de ataque, están dedicados a hacer cuentas sobre los 18 puntos que restan. Más cerca, de acuerdo con el análisis matemático, está el cuadro cardenal, lo cual no oculta el pesar que produce ver dos equipos otrora grandes dependiendo de milagros.

Millos, por ejemplo, jugó el primer tiempo ante Chicó con ocho efectivos, porque Cárdenas, Marinelly y Milton Rodríguez nada aportan. Los dos primeros con obligaciones de armar y arrimarse al área menor de Prono no pudieron con el peso de la responsabilidad, y Milton, cuando logró cabecear uno que otro balón, lo hizo mal. Santa Fe comenzó jugando con 10 por la expulsión temprana de ‘Pacho’ Delgado y de ahí en adelante no hubo modo de recomponer el esquema, del cual no vale la pena hablar por lo trillado del asunto.

Nacional lució ante el Cali desanimado, sin espíritu, dormido como si el último lugar lo hubiese afectado y apachurrado en su juego. Para el colmo estuvo con nueve hombres por expulsión de Palomino y Amaya.

Pero lo peor me pareció la actitud del Cali. Con todo servido para ganar con tranquilidad y ante la mirada pasiva del Nacional, se conformó y, menos mal, después del empate encontró en Batalla un jugador que acertó en el remate para localizar tres puntos.

Así como el Cali, varios equipos carecen del atrevimiento, de ganas de arriesgar en ataque y son cobijados por el miedo. Y eso que quienes pierden el puesto y el sueldo son los técnicos. Casi nunca los jugadores.

Pero de lo visto, me gustó el juego de Júnior, quizá porque Giovanny Hernández, Ciciliano y El Piojo Acuña encienden las luces, porque hay otros como Dumar Ruedas y El Conejo Jaramillo que sólo trabajan para pagar multas.

Fueron buenos los goles de Ormedis Madera, el tiro libre de Marangoni, la jugada del pelado Medina, del Tolima. Siguen fallando, eso sí, los jueces. En Barranquilla le pitaron una supuesta falta a Samuel Vanegas, cuando amagó ir sobre el delantero del Júnior y se quedó en eso, en intención, y le cobraron un tiro libre directo.

En el América-Pereira, el juez dio un penalti al cuadro vallecaucano, cuando Cortez, el delantero, chocó contra Almeyda y no al contrario, como lo interpretó. Menos mal el cobro lo detuvo Márquez y fue cuando los jugadores recurrieron a aquella explicación bíblica: Dios es justo.

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