Por: Hernán Peláez Restrepo

Lo que vi

Me gustó muchísimo la manera como el Boyacá Chicó y La Equidad están en la pelea de las finales. Básicamente por la entrega, el orden y la seguridad de ambos a la hora de jugar.

La Equidad, con la continuidad de su cuerpo técnico, encabezado por Alexis García, no solamente despierta simpatía, sino que lejos resulta el mejor equipo de Bogotá. Cuenta con la recuperación de Cochas y la presencia en el área de Carpintero, uno de los mejores cabeceadores del momento. Chicó cada día está más acompañado por la gente de Tunja y quizás hoy en Porto Alegre aproveche la opción de continuar en el camino de la Copa Libertadores. Por razones serias, superó al Cúcuta y con goleada.

Me gustó la forma como el Júnior le ganó al Pereira, que con el fantasma del descenso rondando su cabeza, ofrece ventajas al rival. La dupla de Giovanni Hernández y Ricardo Ciciliano da sus frutos, y esta vez Teófilo Gutiérrez cabeceó el gol como debe ser.

Me gustó la advertencia de ‘Totono’ Grisales sobre la unión de la mezcla de jóvenes y veteranos de Envigado, que fue ratificada ante el Tolima. Si en un vestuario hay camaradería y no necesariamente todos deben ser amigos entre sí, se hablan los asuntos con claridad, al salir al campo se aprecian los frutos. Es bueno anotar el bajo perfil de su técnico, que, casi en silencio, hace funcionar al grupo. Contrasta este detalle con el de los equipos donde los técnicos son las atracciones y los jugadores quedan en segundo plano.

No me gustó el trabajo del juez Adrián Vélez en el clásico bogotano, porque, por encima del mal momento de ambos, el dolor de cabeza de los jueces sigue siendo el penalti. Dejó de sancionar uno claro en contra de Bedoya y pitó uno que no era, cuando Carmelo eludió a Julio y cayó sin existir ningún contacto.

Es probable que el experimento que se está haciendo en Brasil contribuya en el futuro a dar auxilio al pito central, colocando un juez adicional al pie de cada portería. Está próximo al área de los sustos y realidades y sería mucha la ayuda que de él se obtendría por la visual clara de las acciones.

No me gustó el juego del Cali y Once Caldas, una muestra genuina de cómo se está jugando en nuestro medio. En 90 minutos se sancionaron 50 faltas y el árbitro mostró 10 tarjetas amarillas. Definitivamente no se juega, sino que se lucha, se pelea y el talento cada vez es más escaso.

Por supuesto, los resultados mandan y cada quien celebra según como le vaya en las estadísticas, pero sería bueno de vez en cuando intentar jugar.

 

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