Por: Hernán Peláez Restrepo

Lo que vi

Nunca había visto a un jugador llevando un protector bucal, al mejor estilo de los boxeadores.

Había visto jugadores con gafas, con cascos protectores, con aparatos de inmovilización como pasó con Beckenbauer en el Mundial del 70, pero el caso del estupendo portero del Cruzeiro, Fabio, no. Porque debe ser o una costumbre o una recomendación de tipo médico. Fue en el empate a cero frente a Estudiantes, en la final de la Copa Libertadores, jugador determinante, por sus reflejos, reacciones y ante todo serenidad. Hace un tiempo, en Brasil existían quejas por la flojedad de sus arqueros, hoy al lado de Julio César, el titular de la selección, este Fabio pinta para ser llamado, lo mismo que el actual arquero del Corintians. En tierra de delanteros y genios del balón, había un vacío, hoy cubierto por estos jugadores.

Hablando del partido en sí, Cruzeiro mostró temple para jugar como visitante. Es rápido en el paso de defensa a ataque y sus integrantes parecen curtidos en esta clase de circunstancias, sin ignorar el manejo de balón, una característica propia del fútbol brasileño.

Estudiantes y Cruzeiro, para no alejarse de la historia de finales, jugaron con todo. Se dieron patadas, puñetazos, resultando líder en acciones de matonismo Schiavi. Verón debió salir tres veces por un codazo que le rompió el pómulo. Quiso ser el conductor del equipo, pero no lo dejaron. Sus acostumbrados pelotazos no llegaron a Fernández ni a su goleador Boselli. Fue perdiendo influencia y de allí que en el cierre del partido, los visitantes estuvieron más cerca del gol. El juez Larrionda no sancionó un claro penalti a favor de los brasileños, lo cual certifica que ni aquí ni allá hay confiabilidad en ellos. Para el día 15, Cruzeiro está cerca del título, porque es más equipo de fútbol que Estudiantes.

Muchos seguidores del campeón, Once Caldas lamentan la salida de Carreño y la probable de Casanova, dos valores foráneos, determinantes al lado de Fano, en la consecución del título. La explicación es simple: cuando a los jugadores se les firma contrato por período corto, seis meses para que coincida con la Mustang I o la II, se corre el riesgo de perder al jugador, más cuando resulta campeón el equipo. Los reajustes de salario para renovar son apenas obvios. No sé si Carreño pidió mucho o poco. Lo cierto es que emigró, porque si la directiva caldense lo hubiese contratado por un año, no estaría en esta situación. Claro que entiendo a los directivos, quienes no se arriesgan a tener un jugador un año, sin saber de su regularidad. Esta costumbre, recuerdo, la ofreció en comienzo el fútbol ecuatoriano para estar variando las caras en sus planteles. Laboralmente no sé si confirmar contratos a término fijo por seis meses sea la mejor recomendación. El jugador se marchó sin estar violando absolutamente nada. El equipo perdió una pieza interesante.

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