Por: Hernán Peláez Restrepo

Lo que vi

Me voy a referir solamente a los tres partidos que vi en el fin de semana, es decir, el 30% de los disputados en la primera fecha.

Cúcuta-América. Muy a pesar de sus problemas económicos y de las promesas incumplidas, los jugadores del América lucieron como un equipo mucho más ordenado y claro que los motilones.

La súplica de Diego Umaña a sus hinchas refleja la situación difícil por la que atraviesan. América, por lo visto y pagando pena por la Ley Clinton, sólo confía en sus seguidores para sobreaguar.

Hablando del partido en sí, Cúcuta se enredó en el plan de dos delanteros. Polo y Gamarra están lejos aún de comprender cómo moverse en el frente de ataque. La solvencia defensiva se mantiene, pero en el medio campo la generación de juego fue pobre, mientras Diego Chará empujaba a su equipo, que con Arango se las ingenió por la derecha para mortificar.

La presencia de Otálvaro no pesó para nada en el esquema del cuadro rojinegro, quizá porque sus ex compañeros sabían qué podía dar y cómo marcarlo de paso.

El empate sobre la hora fue una excusa para celebrar en Cúcuta, aunque fue inocultable la superioridad de América, en el que Léider se acomodó con Ramos por la izquierda y Arango por derecha.

Once Caldas-Pereira. El buen momento de Dayron Pérez volvió a marcar el desarrollo de juego para los campeones actuales. Las ausencias de Carreño y Casanova no se notaron y eso habla a las claras de la mecanización del juego caldista, que por cierto se defendió bien en el segundo tiempo cuando el Pereira, con desespero, fue a buscar el empate. Empujó, buscó sin éxito, como si la sombra del descenso comenzara a presionar a los matecañas.

Al menos tuvo actitud y no hubo muestras de resignación. La expulsión de Barahona, injusta porque en la falta para segunda amarilla llegó primero a la pelota y no al hombre, probablemente haya pesado.

La imagen dejada por Pereira es una advertencia de cómo será la lucha por evitar la caída a la Primera B. Se jugará mal, sin orden, aunque eso sí, vehemencia y entrega serán las identificaciones de los puestos en zona de riesgo. Ganó bien el Caldas, superando el guayabo del último título.

Millonarios-Júnior. El regreso al gol de Rubén Bustos marcó la superioridad del local. El primero y el golazo de tiro libre devolvieron a los hinchas azules la esperanza de una buena campaña. Nadie puede ocultar la diferencia que se marca entre titulares y suplentes. Algunos técnicos proteccionistas consideran que en sus planteles todos son iguales, pero eso no es cierto. Titulares son titulares y ésa es la puerta utilizada por Júnior para justificar la caída.

Millonarios me gustó en su juego porque se armó un núcleo interesante de jugadores con buen trato de balón, como el creado por Bustos, Robayo, Araújo, Bedoya y un juvenil de físico liviano que puede ser una realidad, Ómar Vásquez, quien comienza como algún día lo hizo Chitiva en el mismo plantel. Ahí estuvo la clave de la victoria de Millos. Juntar jugadores que manejen las situaciones. Millos ganó bien, con holgura y queriendo regresar a ser protagonista.

Vi, por supuesto, los goles. Y me quedé con los de Baiano, el de Valencia, los de Bustos y un golazo de tiro libre del Quindío. Ahora bien, pareciera que a los árbitros les estuvieran dando comisión por mostrar las tarjetas amarillas. Qué mano de ellas en todos los partidos, las muestran por todo.

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