Por: Hernán Peláez Restrepo

Lo que vi...

La semana pasada muchos medios escritos hicieron eco de una apreciación de D’Stéfano: “A la gente le gusta ganar pero jugando bien”. Quizás el maestro, cercano al Real Madrid, quiera y exija eso, habida cuenta de las inversiones millonarias para conformar un plantel con espíritu de campeón.

En nuestro medio el asunto no es tan romántico y no valdría la pena entrar a explicar por qué. Simplemente nuestros equipos quieren, atendiendo presiones de sus hinchas, ganar ante todo. Si por algún accidente o casualidad se puede jugar bien y de manera vistosa, será en caso tal un excepción.

Viendo, por ejemplo Millos-Tolima, si algún jugador tuvo más contacto con el balón fue Javier Araújo, quien acercó un pase-gol a Carmelo Valencia y directamente tuvo una opción, que ahogó el arquero Breiner Castillo. Después pareciera que todos lo buscaban a él, le daban la pelota, esperando un centro acertado o una llegada a la línea del fondo. Proporcionalmente fue quien más se vio en pantalla, lo que no significó que fuera el más eficaz. Pero en favor de Araújo es preciso anotar que tanto Robayo como el pelado Vásquez y el mismo Sherman, cuando entró para el final, no se atrevieron a soltarse más en juego. Siempre se apoyaron en Bedoya, respetando tal vez la jerarquía del volante. Y es allí donde Millos se equivoca. Fue repetitivo en su juego y casi por cansancio fue dejando espacios aprovechados por el Tolima, que encontró el primer tanto, gracias a un autogol, aunque vale igual. Y después era previsible que saliendo desesperadamente por el empate, corriera riesgos y los pagara con el segundo gol.

Una vez más queda demostrado que la posesión exagerada del balón, ante la mirada del rival, no representa razones de victoria. En la próxima salida ante el líder, la esperanza está para los azules en la presencia de Ciciliano y de León Darío Muñoz. Sería injusto que nuevamente Javier Araújo ejerza el control del partido y en él recaiga toda la responsabilidad de creación. El hombre puso voluntad, le mostró salida siempre a sus compañeros atendiendo seguramente una instrucción. Él. por su trayectoria, es otra clase de jugador, me parece.

Vi a Nacional, en un segundo tiempo, más claro ante Júnior, que queda con la excusa de la expulsión de Ruiz, justa por lo demás. Lo que sí vi, fue el puesto del brasileño Bahiano, ahora liberado de compromisos defensivos y con calidad para servir centros. Y Galván continuará siendo el goleador oportuno, como lo son todos.

El América debe con urgencia solucionar el plan ofensivo. Aún el recuerdo de Parra, Cortez, goleadores y buenos aprovechadores del juego de Arango embarga al equipo. Y no se puede confiar en Adrián Ramos, puesto que cualquier momento emigra.

La cuota de violencia afuera de los estadios continúa, los errores arbitrales también y la reflexión de D’Stéfano es para los románticos. En Colombia, ganar es la única verdad. Y es más fácil ganar contando con buenos y talentosos jugadores. Por lo visto en estas tres fechas, no son muchos desafortunadamente en nuestros estadios. Los equipos, como Millonarios, saben ya en las pocas fechas lo que es ganar, perder y empatar para ser consecuentes con el fútbol mismo.

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