Por: Hernán Peláez Restrepo

Lo que vi

Vi detalles de buen juego, equipos como Huila y Pasto bien organizados en sus planes de mantenimiento de resultado, lo cual es un mérito y, de paso, entrega y atención en todos sus movimientos y control de los adversarios.

Vi goles increíbles, como la acrobática definición del Chumi Álvarez, en el primer gol del Envigado. En la tripleta de  Teo Gutiérrez, el tercero fue demostración de reacción y control de balón. El remate a distancia de Alejandro Bernal, un volante o lateral que se atreve poco a ensayar y esta vez se dio el gusto. Vi, a pesar de la posición adelantada de Sergio Galván, el pase de lujo y de tacón que hizo para que Giovanny Moreno sacara un remate espectacular para los tres puntos de Nacional.

Vi cómo los arqueros, comenzando por el experimentado Óscar Córdoba, dan rebote y sufren goles. Es probable que el tipo de balón usado sea difícil de controlar, pero no menos cierto es la necesidad de trabajar mucho más en semana por parte de los arqueros, con remates de lejos y con potencia.

Vi cómo Diego Umaña cumplió con lo prometido y permitió a Pipa de Ávila ingresar unos minutos en el empate de América con Pasto. Con sus 45 años a cuestas y seguro de lo que hace, podría o no seguir, pero al menos se dio el gusto de inscribir su nombre como el del jugador más veterano en actuar en los 61 años de fútbol profesional. Sólo él sabe si puede o no continuar, aunque dejando de lado su actitud personal, es ejemplo de cómo el ser humano puede conservar una cierta condición físico-atlética, siempre que lleve una vida sana como la de él.

Vi a Hugo Centurión exhibiendo calidad e inteligencia para jugar, la misma que tiene Álex del Castillo, quien parece de una vez por todas querer cuajar como el buen jugador que siempre insinuó ser.

En juego de conjunto me parece que Nacional está en etapa de progreso, porque con Jairo Patiño y Bahiano, por derecha, y la sorpresa en la salida que ofrece Stiven Vélez pueden ir acomodando el equipo.

En cambio, vi cómo el Quindío extraña a Sebastián Hernández y al mismo Víctor Bonilla. Tiene dinámica, corretea mucho, está encima del rival, sin poder cristalizar jugadas.

Vi los desmanes de las barras de Nacional en Armenia y estoy por creer en una teoría del periodista Sergio Levinsky: cuando la televisión muestra escenas de violencia en graderías, como las del San José de Armenia, va convenciendo al televidente de no ir al estadio, por los peligros existentes, y consigue de paso, casi subliminalmente, que el aficionado se vuelva hincha del televisor.

Por supuesto, de todo lo que vi me quedo con el Nacional, el juego de grupo del Huila y la fortaleza del Pasto, sin ignorar los golazos que a la hora del balance fueron varios y reconfortantes. ¡Y tanto que nos quejamos del nivel del fútbol!

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