Por: Hernán Peláez Restrepo

Lo que vi

Recientemente conversé con Pipa de Ávila sobre su regreso al fútbol de competencia. Y le aseguré que su mayor alegría sería convertir un gol, como en efecto ocurrió. Porque su nombre ingresó al de los casos extraños, pues los goles están reservados a jugadores jóvenes y de pronto a aquellos que pasaron los 35 años, pero nunca a una persona de más de 45.

Es fácil entender su satisfacción, pero más interesante resulta saber que actuó los 90 minutos. Y como lo manifestó el arquero Agustín Julio, su rival en el arco, dio ejemplo a los jóvenes, por lo que corrió, se movió e intentó para justificar su presencia. Ojalá los delanteros del América lo observen en su total dimensión de profesional.

Me agradó ver al Pereira peleando por sobrevivir en la primera división, con entrega, con capacidad para ir a chocar con el Medellín, que cumple regia campaña.

Supo Quintabani dejar de lado a jugadores de cierto nombre como Chárria y Tenorio, que no ofrecen rendimiento, y dar paso a jóvenes desconocidos, como Uribe, Córdoba, Cárdenas, Lozano y Noguera, quienes lucieron comprometidos y protagonistas de la causa matecaña.

Los cuatro veteranos, Prono  Velásquez, Almeyda, Victoria y Cortés, respondieron a la necesidad de ir a ganar, con lo que quedó demostrado que hoy en día el asunto es parejo.

Por eso Pasto le ganó a Millonarios y hasta el Boyacá Chicó asustó al Júnior. Y ni hablar del rendimiento de Huila, que continúa encumbrado en la tabla, con muchos intentando tumbarlo.

Vi cómo los arqueros de Millonarios, Córdoba y Cuadrado, se “hicieron” goles, independientemente de la diferencia de edad, lo cual confirma que ese puesto es el más ingrato, aunque se compensa con la mayor duración en el tiempo en el arco.

Como dice el dicho, los médicos también se mueren. Vi el clásico de Milán, donde el Internazionale pasó por encima al Milan, goleándolo 4-0. Ocurrió un hecho increíble en un fútbol supuestamente tan organizado. Gatusso, el volante “picapiedra” del Milan, se llevó merecidamente una tarjeta amarilla. Casi enseguida tuvo una lesión de tipo muscular y pidió el cambio. Hasta se despojó del brazalete de capitán, para acelerar su salida. Y vino la perla, su reemplazante, el holandés Seedorf no estaba listo. En vista de la demora, Gatusso se quedó en el campo y en otra jugada su temperamento lo traicionó, vio la segunda amarilla y por supuesto la roja, increíble.

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