Por: Hernán Peláez Restrepo

Lo que vi...

Ya no quedan dudas ni hay necesidad de buscar disculpas.

La Equidad se la tiene ‘montada’ a los otros dos equipos bogotanos, llenos de historia y títulos pero con un presente preocupante. Santa Fe, que venía consiguiendo buenos resultados, lo que no implica estar jugando del todo bien, aunque alegrando a sus hinchas y construyendo una nueva ilusión, no supo cómo empatar el partido. No digo ganar el juego, sólo empatar. Muy temprano y parece estar especializándose en eso, el argentino Carreño, en cuestión de segundos, liquidó el partido. En su remate encontró el ángulo que le regaló el arquero Julio y pare de contar.

El esfuerzo de Mario González y hasta el de Quintero no alcanzaron para superar un plan bien organizado en defensa por Alexis García, jugando con un delantero abierto por la zona derecha, Castro, y con pique permanente de Carreño, y la entrega de Viáfara, La Equidad superó a Santa Fe sin disculpas.

Lo que va quedando claro es el papel trascendental de Ómar Pérez. No estando él, Santa Fe juega atropelladamente, sin pausa y creyendo a fe ciega en los pelotazos para delanteros que como Néstor Salazar tienen el arco cerrado. Por eso digo que La Equidad aprendió cómo complicar tanto a Santa Fe como a Millonarios, porque fundamentalmente sabe cómo debe jugar dentro de sus limitaciones, que las tiene como cualquier equipo. La diferencia está en que no se sobreactúa ni hace cosa distinta a aprovechar su plantel. Esa es la clave.

Vi nuevamente cómo Once Caldas en su sistema defensivo es un colador, aunque me parece fue la mejor presentación de Nacional para la televisión y el campeonato.

Vi golazos y me quedo con el de Víctor Ibarbo. Arrancó de su campo, puso el acelerador a fondo, dejó a dos zagueros de los blancos en el camino y cruzó violento remate para un gol espectacular. Como el gol de calidad conseguido por Diego Chará para el Tolima.

Vi dos detalles interesantes. El juez del partido en Bogotá sancionó de diferente manera dos acciones idénticas. Quintero ‘levantó’ a un rival y la jugada continuó; Carreño ejecutó similar acción en perjuicio de Anchico. A Quintero lo dejó seguir y a Carreño lo expulsó. Este juez, quizá por no ser profesional y tener otras actividades en la semana, como casi todos los árbitros en nuestro medio, no dispone de tiempo para estudiar y reflexionar cómo aplicar justicia con el mismo rasero.

Lo otro está referido a un viejo axioma en el fútbol, con hambre también se puede ganar. Bastaría preguntarle a El Pecoso Castro cómo hace para que el Quindío, al borde de la  huelga por falta de pago, va y gana en Barranquilla, se encarama en la tabla y se aleja del descenso.

 

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