Por: Hernán Peláez Restrepo

Lo que vi

Fin de semana de unas eliminatorias que afirmaron contar con pocos jugadores fuera de clase. Unos pocos lograron desequilibrar, porque una selección funcionando a plenitud, como puede ser un equipo de campeonato regular, no se ve.

Vi los tres juegos principales, es decir, Argentina-Paraguay, Colombia-Uruguay y Brasil-Chile, y no fue más, porque no se pudo ver más. De Ecuador-Bolivia, sólo un primer tiempo y nada de Perú-Venezuela, pero falta tampoco hicieron.

Vi una selección colombiana sin claridad para jugar y carente de poder ofensivo, hechos que por supuesto no son novedosos, porque Pinto no ha podido saber quién debe ser el volante de armado. Entre Giovanni Hernández, cada vez más jugador del Júnior y no de selección, y Macnelly Torres, mantiene una duda que finalmente perjudica.

Los delanteros como Falcao no encajan en este grupo por razón extraña y quedamos dependiendo de las trencitas de Rodallega. Y ni hablar del drama de lateral izquierdo. Ni Steven ni Armero representan solución. Además, Fabián Vargas, quien venia siendo importante en Boca, ante Uruguay fue desaprovechado colocándolo en un sector extraño para él. El miércoles, en Santiago, en juego de perdedores, al menos no encontraremos a un Chile motivado y animado.

Vi, en síntesis, a una selección sin espíritu, sin sello de jugar bien, así en la complementaria haya estado más animada. Dayro Moreno le puso cierta alegría al ataque.

Vi a una Argentina que, gracias a Messi y al ingreso de Agüero, pudo alcanzar el empate ante la más práctica de las selecciones, como es la paraguaya. Después del error de Heinze, los argentinos se perdieron y sólo la inspiración y aceleración de Messi trajeron conformismo a los de Basile.

Vi a los brasileños casi caminando para ganar a una entusiasta selección chilena. Con Robinho, Diego, Lucio en el fondo y un turista en el campo como fue Ronaldinho, Luis Fabiano certificó su condición de goleador en São Paulo, Sevilla y la selección. Cosa distinta a nuestros goleadores.

Y vi con sorpresa cómo el juez Carlos Torres, en Santiago, debió revisar una tarjeta amarilla por un error del asistente. Hasta ahí puede ser normal. Lo curioso estuvo en que fue el cuarto árbitro, en sector opuesto y seguramente después de ver o recibir información de la televisión, el que  le aclaró a quién debía mostrarle la amarilla. Sin querer, la tecnología de a poco va siendo admitida por los jueces, al menos en el campo disciplinario.

En consecuencia vi muy mal a Colombia y Chile. Cayeron sin atenuantes y el miércoles esperamos no estar llorando. Regular a los argentinos, sobrados en su choque a los brasileños y prácticos a los uruguayos y a los líderes del Paraguay.

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