Por: Antonio Casale

Lo que viene

Lo que viene para el equipo de todos rumbo al Mundial es tan bonito como peligroso.

Esa macondiana reacción del segundo tiempo en el partido frente a los chilenos, típica de los colombianos cuando nos sentimos tocados en el amor propio, de los que nos sabemos levantar, sacudirnos el polvo y seguir adelante a pesar de las adversidades, no puede cegarnos en torno a las múltiples tareas que Pékerman deberá emprender como líder del grupo si queremos que el de Brasil sea el mejor Mundial de la historia para nuestro país.

En primer lugar, el entrenador deberá entender que si bien le ha funcionado apostarle a un mismo grupo, independientemente del momento que ellos atraviesen en sus clubes, hay temas que no se pueden obviar.

El análisis de las fortalezas y debilidades del rival es una regla inquebrantable en nuestros tiempos. Todos lo hacen, por eso ahora hay que ir más allá. La diferencia la marcan los pequeños detalles. Por eso, de ahora en adelante, el técnico tendrá que hacerse menos descifrable, pues los adversarios ya entendieron que tapando la salida por los costados de Colombia y jugando mano a mano con nuestros volantes interiores logran hacernos mucho daño. Pékerman deberá rotar la buena nómina con la que cuenta, pensando en que cada compromiso significa una batalla diferente y por tanto deberá plantearla, no sólo potenciando las armas con las que cuenta, sino también de acuerdo a lo bueno y lo malo que ofrezca el equipo que tenga al frente. En el fútbol de hoy no hay cómo guardar secretos, por eso mismo no es suficiente estudiar al rival, se hace casi obligatorio sorprenderlo.

En cuanto a los jugadores, si bien aplaudimos, celebramos y agradecemos el compromiso y la actitud mostrada en el segundo tiempo, no podemos olvidar que en el primero, frente a los chilenos, se prendieron todas las alarmas. Por un momento me sentí viendo al equipo del debut frente a Rumania en EE.UU.-94. La displicencia fue total en los primeros 45 minutos y Chile no marcó mas goles porque no quiso. Ver jugadores cambiando de camiseta con el rival al término del primer tiempo, en el marco de una tremenda goleada en contra, significó un inequívoco mensaje de relajación extrema, soportado por los hechos que hasta ese momento se presentaban en la cancha. Es de reconocer, eso sí, que lo que sucedió en el camerino en el intermedio, sea lo que haya sido, significó un cambio absoluto de actitud que debe servir como espejo para preparar lo que viene.

Esperemos que el equipo de todos haya aprendido la lección con miras a lo que viene. Se juega y se vive en tiempo presente así como las medallas obtenidas hay que revalidarlas todos los días.

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