Por: Felipe Zuleta Lleras

Locura colectiva

A veces, por no decir casi siempre, resulta tan difícil ejercer el papel de periodista, que a diario pienso que o los comunicadores nos volvimos locos o el país lo está del todo.

Crímenes entre hinchas del fútbol, menores de edad cayendo a las alcantarillas, gobernadores y congresistas presos, un niño que le quema la cara al otro por no prestarle la bicicleta, una mamá que vende la virginidad de sus hijas menores, un alcalde de Bogotá desvariando, un procurador persiguiendo a las parejas del mismo sexo, un edificio que se cae porque los constructores no hicieron la tarea, cientos de familias en Bogotá que fueron evacuadas de sus humildes viviendas porque están a punto de caerse (tal vez porque los constructores se robaron materiales para ahorrar gastos), un congresista serio como Jorge Enrique Robledo acusando al ministro de Agricultura de haber participado en crímenes, un exfiscal vinculado con los paramilitares, un presidente que promete y promete, una guerrilla de las Farc poniendo condiciones como si tuvieran derecho de exigir algo semejantes asesinos. En fin, estos son solo algunas de las cosas que pasaron en tan solo una semana. ¿Y cómo, pregunto, puede funcionar un país entre tanta locura de todo el mundo?

Es tal la demencia colectiva que ya los locos me parecen cuerdos. Colombia, y me da pena decirlo, es un país inviable que sobrevive por alguna cosa milagrosa. O tal vez porque los colombianos ya perdimos nuestra capacidad de sorprendernos y nos acostumbramos a ver, escuchar y leer tanta mierda en los medios de comunicación que estamos anestesiados. Los temas pasan tan rápido para los medios que no duran como noticia más de dos días, y eso.

Cuando en las mañanas a las tres reviso la prensa para prepararme para trabajar en Blu Radio, lo hago en silencio y en frío. Es decir, ni oyendo noticias ni viendo ningún canal de televisión de los que funcionan en la madrugada. Lo hago oyendo, preferiblemente música clásica y cristiana. Y aun cuando no crean no veo noticieros de televisión porque quedo literalmente enfermo. Prefiero informarme en mi ipad en frío, con esas imágenes gélidas de las tabletas. Tal vez por eso logro digerir y filtrar las malas noticias antes de transmitirlas, pues de no ser así, posiblemente diría barbaridades al aire y posiblemente también las escribiría.

Puede sonar ridículo que un periodista no viva literalmente conectado a los medios, pero he venido a descubrir que digiero mejor tanta mala noticia en las madrugadas silenciosas.

Les confieso que estoy convencido de que Colombia no necesita ni presidente, ni políticos, ni alcaldes, buenos o malos, ni una gran policía como la que tiene. Este país lo que necesita es más siquiatras, pues es tal la locura que lo domina, que en vez de un ejército de 400.000 hombres debería haber más sicólogos, más terapeutas, y muchísima más tolerancia. Ya que esto no es viable, luego tocará seguir viviendo en este manicomio colectivo que nos tocó como país.

 

Felipe Zuleta Lleras

 

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