Por: Manuel Drezner
El arte y la cultura

Los 50 años de la Filarmónica

Como la Filarmónica de Bogotá está cumpliendo medio siglo, es bueno traer a cuento un recuerdo personal de hace cincuenta años, cuando me visitaron Jaime Glottmann (injustamente olvidado en las celebraciones), Frank Preuss y Jaime Guillén para presentarme al director Melvin Strauss, quien estaría a cargo del proyecto de una nueva orquesta para Bogotá, la cual tocaría su primer concierto en pocos días. Entre las ideas que se intercambiaron estaban la muy importante de asegurarse que se presentara no como una competencia a la Sinfónica Nacional, que en ese entonces dirigía Olav Roots, sino como una nueva iniciativa cultural que permitiera la divulgación de la música y la creación de nuevas fuentes de trabajo a los artistas colombianos. Aunque hubo quienes no participaron de ese planteamiento (e incluso hicieron declaraciones chovinistas en la prensa de esa época), lo cierto es que la orquesta tuvo un desarrollo en el que predominaba lo artístico y que a lo largo de estos cincuenta años se ha afincado como un necesario elemento de la cultura en Bogotá.

Ha sido notable su labor de divulgación en los más remotos lugares de la capital, así como la presentación de un repertorio sinfónico de alta categoría que ha incluido cantidad de estrenos de obras que uno nunca hubiera pensado que se iban a interpretar entre nosotros, y además ha creado un público fiel que incluye no sólo a los tradicionales amantes de la música, sino a toda una generación de nuevos aficionados que han desarrollado su gusto gracias a la labor de la Filarmónica. Uno recuerda los ciclos de sinfonías mahlerianas, las presentaciones operáticas, como la que hicieron de Sueño de una noche de verano de Britten (que infortunadamente sólo se hizo en parque, cuando bien hubieran podido hacerse representaciones en el ambiente acústicamente mejor de un teatro), además de un recorrido por el repertorio sinfónico de clásicas y románticas, así como muchos estrenos modernos.

Parte importante de la labor de la Filarmónica ha sido el fomento de la creación musical colombiana y de la participación de solistas nacionales en sus conciertos. De hecho, en el concierto con que se conmemoró el medio siglo de la orquesta hubo un estreno de una obertura de Blas Emilio Atehortúa, y en la buena versión de la Novena Sinfonía de Beethoven los cuatro solistas fueron colombianos y lo hicieron por lo menos tan bien como cuando traían cantantes de fuera. Igualmente han hecho transcripciones sinfónicas de obras de la música popular colombiana (con cuya grabación incluso ganaron un premio internacional) y aunque personalmente no veo mayor interés en este tipo de repertorio, lo cierto es que ha tenido mucha aceptación por parte del público.

Hay que felicitar entonces a la Filarmónica por este cumpleaños, una efeméride que muestra que las iniciativas artísticas serias que se hacen entre nosotros sí son aceptadas por el público y su supervivencia es algo merecido y no un milagro, como algunos lo han calificado.

 

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