Por: Catalina Uribe

Los 90 segundos de la política

La pasada entrevista a Petro de Hora 20 comenzó, como todos los debates, con una advertencia sobre el límite de tiempo para cada respuesta. La periodista Calderón le recordó al candidato que la entrevista duraría alrededor de una hora y quince minutos, pero que le pedía respuestas concretas de no más de un minuto treinta. Petro protestó alegando que la ciudadanía merece profundidad, teniendo en cuenta la complejidad de los problemas del país.

No se equivoca. El formato televisivo, las franjas comerciales, y ahora las redes sociales, nos han convencido de que el ritmo de la información es rápido y de que la única forma de llegarle a la ciudadanía es con mensajes breves y simples. Nosotros, los ciudadanos, nos hemos ido adaptando a estos formatos aburriéndonos de cualquier intervención de más de tres minutos.

Pero pongamos estos minutos en perspectiva. Pensemos en el tiempo que se toma un médico en explicar un diagnóstico, un estilista en decirnos qué hará con nuestro pelo, o un mecánico en aclarar lo que hará con nuestro carro. Mientras a todos ellos les demandamos una explicación de al menos diez minutos, a nuestros candidatos no les pedimos ni la mitad. Queremos que nos digan cómo implementarán los acuerdos de paz, cuál será su política de drogas o qué harán con el agro, en no más de 90 segundos. ¡Antes no les hemos pedido que contesten con un emoticono!

Sin embargo, un formato así sólo puede beneficiar a quien no tiene nada que decir. Y, peor aún, crea una audiencia que cree que no tiene nada que oír. Los medios no sólo nos informan, también nos habitúan a cierta forma de ser de las cosas. Y aunque es verdad que todo sucede hoy más rápido, la claridad no siempre es breve. Hay que darles espacio a las ideas para que se estructuren y así puedan mostrar que quien las produce es una persona estructurada. ¿O acaso la idea es beneficiar a los candidatos con menos conocimiento?

 

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