Por: Ernesto Macías Tovar

Los "actores del conflicto"

Con paso de animal grande avanzan los efectos de la arrogancia que tapó los oídos del presidente Juan Manuel Santos ante la advertencia perentoria que le hiciera su mentor de no legitimar el terrorismo en la Constitución.

Fue toda una batalla académica librada por el expresidente Álvaro Uribe para persuadir a la bancada del “santismo coyuntural” con el fin de evitar que se incluyera en la ley de víctimas el “conflicto armado” y, más grave aún, que se acuñara en la Constitución a través del “marco de impunidad”. Uribe dijo clara y reiteradamente que los terroristas no reúnen los requisitos para el estatus de beligerancia, porque quienes atentan contra la vida, honra y bienes de la población civil no están en conflicto con el Estado sino que son una amenaza terrorista. Insistió en que no había razón para abrir esa puerta pero, pudo más la mermelada.

La grave situación de orden público que el gobierno trata inútilmente de ocultar; los rumores que desde la Casa de Nariño surgen sobre soterrados contactos con las Farc para un eventual proceso de diálogo; y la cruda realidad que desnudó la situación del Cauca donde los indígenas habilidosamente intentan estrenar el reconocimiento de “conflicto armado” que impuso Santos, al señalar a la Fuerza Pública como “actor del conflicto” equiparándola a las Farc; son consecuencias o efectos del grave error cometido por la arrogancia del Presidente y la sumisión de su “locomotora legislativa”.

Y es preocupante que debido al desaforado deseo de Santos de sentarse con las Farc, a cualquier precio, hoy solo escucha a nuevos consejeros como el exguerrillero León Valencia –contratista del gobierno- o el político y jurista español Baltasar Garzón -condenado por el Tribunal Supremo de su país-, quienes seguramente le endulzan el oído con una remota nominación a un premio de paz.

Casualmente, el famoso Baltasar apareció de nuevo, esta vez, como asesor de los indígenas del Cauca y mediador de un presunto “conflicto” con el Estado, circunstancia que a raíz de las críticas que surgieron por la curiosa mediación el gobierno se vio forzado a desautorizar. Y aquí surgen preguntas que seguramente el gobierno no responderá: ¿Baltasar es un intruso que se toma atribuciones propias del Estado en Colombia sin consultar con el gobierno?, de ser así tendrían que haberlo expulsado del país. O, ¿estaría autorizado?

Ahora, un secreto a voces que manejan los pobladores de la región y las autoridades nacionales, es que la zona de “conflicto” con los indígenas del Cauca, además de ser un corredor del narcotráfico está muy afectada por la presencia de cultivos ilícitos. Y, que los indígenas son manipulados por las Farc. Habría que preguntarle al prevaricador español involucrado en el área, si conoce dicha situación.

Ojalá no estemos frente a un fenómeno distractor a través del cual los “actores del conflicto” congregados en el Cauca, estén planeando forzar otra zona de distención en ese territorio ideal para sus propósitos, y que hoy está por fuera del control del gobierno. Sería muy grave que con la anuencia, o permisividad, o pasividad del gobierno, caigamos en la trampa de “pastranizar” de nuevo el país.

@emaciastovar 

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