Por: Antonio Casale
Mucha bola

Los arqueros

Salvo en la definición por penales, están destinados a ser los villanos de la película. Nadie se acuerda de esa fracción de segundo en la que los arqueros salvan la patria, todos se llevan en la memoria a quien hizo el gol de la victoria o a quien se lo inventó. En cambio, cuando un error del portero determina el marcador, el pobre queda marcado para siempre.

Es así como nadie se va a acordar de la atajada monumental de Lloris abajo, cerca al palo derecho, tras el cabezazo de Martín Cáceres justo después del primer gol francés, comparada al instante en nuestra transmisión de radio por Hernán Peláez con la de Gordon Banks en México 70 ante un testazo de Pelé. Pero ninguna de las dos hará parte de los capítulos más importantes del Mundial.

En cambio, el infantil error del pobre Muslera para dejar escapar un balón manso de las manos, que significó el segundo tanto de los franceses tras el disparo de Griezmann, le ha dado la vuelta al mundo. El portero del Galatasaray turco es objeto de burlas, memes, improperios. Los más nobles le expresan su solidaridad. Sin duda es el malo de la película. Con ese gol prácticamente se terminó el partido y se sentenció la eliminación del equipo charrúa.

Nadie se acuerda de la atajadota de Ospina en un mano a mano con Lewandowski ante Polonia, cuando el partido iba apenas uno a cero. Todos se acordarán de los tres goles y del poderío ofensivo de aquella tarde exhibido ante Polonia. Pero sin ese momento mágico del uno de Colombia la historia hubiera cambiado su rumbo.

En los Mundiales, los arqueros son fundamentales, aunque no se reconozca su labor. Nadie se acuerda del mano a mano entre Casillas y Robben, justo en la jugada previa al gol de Iniesta que le significó la copa a España. De no ser por los reflejos de Iker, treinta segundos antes la alegría hubiera sido naranja.

Neuer ante Francia en el Mundial de Brasil, en cuartos, e incluso en la final ante Argentina, fue protagonista de primer orden para que su Alemania se quedara con la copa y su compatriota Khan, que fue escogido como el jugador más valioso antes de la final en 2002, le entregó el Mundial a Brasil cuando soltó una pelota mansa que significó el primer gol de la canarinha. Pasó de héroe a villano justo el día en que no podía fallar.

En Rusia, los porteros hasta ahora se comienzan a mostrar. Es en las horas definitivas cuando sus atajadas o sus errores significan buena parte del éxito o la derrota. El francés Lloris ya lo demostró, pero a esto le falta mucho. Lo cierto es que el título de la obra del campeón jamás llevará como héroe al arquero. Injusto.

 

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