Los artistas y el virus

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La pandemia que está azotando al mundo ha traído consigo cantidad de víctimas, entre quienes han sido infectados e incluso muerto por su efecto, hasta los mercados económicos internacionales que han caído vertiginosamente, por no decir nada de sectores vulnerables como el del turismo y el de las empresas de transporte. Lo que poco se ha mencionado es a otras víctimas del virus, los del sector cultural y artístico que en Colombia y el mundo han sufrido en forma desmesurada, pero que por tratarse de artistas individuales y no de un conjunto económico muchas veces son olvidados.

El hecho es que es cierto que hay artistas que por pertenecer a la nómina de entidades públicas, como los músicos de las orquestas sinfónicas y los actores de grupos oficiales, han seguido recibiendo sus sueldos y lo que han tenido en realidad es una vacación inesperada. Pero son muchos los que dependen de poder presentarse ante el público para conseguir una entrada que les permita mantenerse y ellos, ante el cierre de teatros y salas de conciertos, son víctimas inocentes que han perdido su modus vivendi y están comenzando a pasar situaciones críticas, ya que muchos de ellos viven al día. Incluso en grandes casas de ópera del mundo, como la Ópera Metropolitana de Nueva York, y muchas entidades similares del mundo artístico, han despedido temporalmente a integrantes del coro y miembros de la orquesta quienes han quedado en el aire.

Entre nosotros están los actores de teatros, los músicos a quienes les han cancelado sus presentaciones y los profesores privados, a quienes les pagan por clase dictada quienes sin duda están pasando por una situación crítica y aparentemente nadie se está acordando de ellos. No existen planes de emergencia para resolver su situación y, de hecho, hay algunos que ya están comenzando a sufrir las consecuencias de esta emergencia en forma preocupante.

Es por eso que hay que hacer un llamado de solidaridad hacia estos trabajadores de la cultura, cuyos problemas por pequeños que sean en comparación del inmenso problema creado mundialmente por la pandemia, no son menos evidentes y hay que pedir a las entidades que puedan ayudarlos que se acuerden de ese sector inerme, pero importante. No es sino imaginar ese mundo árido y estéril donde no haya artistas para ver que este llamado es de una lógica única.

Los trabajadores de la cultura merecen que se acuerden de ellos, y ojalá no los pasen por alto cuando de ayudar a resolver problemas se trate.

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