Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Los avivatos

HACE 30 AÑOS ALBERTO LLERAS CAmargo escribió El Avivato, un extraordinario artículo en el que describió a quienes viven de la intriga y la indelicadeza.

Dijo el ex presidente que el avivato no es el pícaro, sino “un tío que resuelve todos sus problemas e invita a los demás a resolverlos por medios que están apenas al borde de la ley, y en ocasiones por debajo de la ley penal, pero en un sitio que no es fácil descubrir”.

De la pluma sabia de Lleras, plasmada en su columna sobre el avivato, se comprenden las frágiles explicaciones de Tomás y Jerónimo Uribe, con las que pretendieron justificar el espinoso asunto de unos predios en Mosquera en los que tienen intereses, en donde hoy funciona una Zona Franca, gracias a decisiones de funcionarios subalternos de su padre.

Tomás y Jerónimo se empeñan en sostener que no fueron favorecidos con decisiones oficiales, porque el famoso predio donde hoy opera la Zona Franca, de acuerdo con el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Mosquera, desde el año 2000 tenía autorizado un uso industrial. Según los vástagos presidenciales, nada hay que censurarles porque no hubo cambio del uso del suelo, pues no se necesitaba.

Esa explicación es artificiosa y deliberadamente incompleta. Los “hijos del ejecutivo” saben que si bien el POT de Mosquera previó que su lote es de expansión industrial, en todo caso era requisito imprescindible que el alcalde de ese municipio dictara un decreto autorizando el Plan Parcial, como paso previo para la habilitación del mismo como Zona Franca.

Con razón el ex presidente Lleras sentenció que “el avivato puede sacar una licencia más aprisa que nadie, manejar toda la red de dificultades que van de la cuna al sepulcro para hacer cualquier cosa…”.

Justamente porque el alcalde de Mosquera expidió un decreto, el predio incrementó su valor, el cual se multiplicó todavía más cuando el Comité Intersectorial conformado por ministros y directores de departamentos administrativos lo elevaron a la categoría de Zona Franca. Lo curioso fue que en el entre tanto a la familia del alcalde “legislador” le vendieron parte del jugoso inmueble.

Si Lleras viviera habría reiterado que “el avivato se resbala como una anguila por entre la maraña judicial y la reglamentación constante del Estado, hasta que da con el sitio por donde pueda pasarse”.

 Y mientras los imberbes que se hicieron empresarios siendo inquilinos de la “Casa de Nari” aseguran que nunca usan influencias en sus prósperas actividades, se conoce una foto de Tomás Uribe en una cumbre convocada a propósito de definir el trazado de una carretera que pasaría por el predio de marras, a la que asistieron un alcalde, un gobernador y de nuevo otro subalterno de su papito, esta vez el Ministro de Transporte. En un comunicado con sabor a coartada, los obsecuentes funcionarios pretenden que creamos que invitaron a Tomás a una reunión en el Ministerio de Transporte, a la que asistió “sin que emitiera opinión alguna”. De locuaz a mudo.

No en vano también Lleras habló de aquel “que arregla todo y perfora el muro de la burocracia, aun de la propia, un avivato titulado”. Y remató advirtiendo que “nos hemos convertido en una sociedad de avivatos, es uno de los castigos más grandes que han caído sobre Colombia”.

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Adenda. Las decisiones del procurador Ordóñez son una vergüenza. Absolvió al Gobierno del complot contra la Corte, cuando las evidencias lo acusan; mientras que en el tema de las ‘chuzadas’ y seguimientos del DAS redujo todo a un problema de simple desorden, y de no de alguien muy poderoso dando o ejecutando órdenes ilegales.

 

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