Por: Lorenzo Madrigal

Los Barilocos

NUESTRO PRESIDENTE FUE, SIN REmedio, el centro de la reunión de Bariloche. Se trataba de una encerrona que se le tenía preparada desde Quito y que ahora se conseguía, a ciencia y paciencia del afectado. Pero Uribe se sintió capaz de afrontarla y le puso el pecho.

Estaba bien. Elegante y sencillo, su gráfico mechón ya en juego de grises con la corbata y el traje. Buena dicción, mejor improvisación y necesarios dardos al amenazante Chávez y al ofensivo Correa, con quien finalmente intercambió sonrisas y de parte del ecuatoriano, ceño amable y mirada corregida.

Era una especie de Selección Colombia. Sin haberlos convocado, uno hacía fuerza por ellos. Allí estaban. Silenciosos, el Canciller y mincafé, digamos que en la banca, y mi general Fredy, en la retaguardia. El canciller Maduro asesoraba a Chávez; reconocidos asesores, un tanto mayores, los de las señoras presidentas, así como los de Lula, vigilante desde su barrera idiomática.

Alan, puntal de Colombia —aunque nos iba fallando—, habló con facilidad y le soltó a Chávez lo de su petróleo, vendido con creces al “imperio”. Gracioso fue su equívoco con la señora Kirchner, al agradecer a la anfitriona por el lugar y destacar su belleza, pero la del paisaje, lo que alguno (Chávez) aprovechó para desairar a la dama, a lo que García repuntó ser discreto con las señoras casadas.

La junta se fue disolviendo por cansancio, Tabaré y García se fueron; Correa arrancó aplausos con su elocuencia en contra nuestra; sus ojos felinos miraban desde las cámaras a un auditorio que no se hallaba propiamente en el refugio. Con lo que no contaba era con el regaño de Lula, por un segundo discurso y sobre todo por disociador. Férula que debió alcanzar a Chávez, pues parecía un león rugiente en su cueva.

Las figuras fueron la señora Fernández, en cuanto moderadora, aunque frenó más a Uribe que a Chávez, su socio político. El otro protagonista fue la víctima del sacrificio, Álvaro Uribe, en un gran papel para sus fanáticos colombianos. A todos los demás nos representaba, menos, claro está, a quienes ejercen la diplomacia paralela.

Lo que pareció el documento sorpresa, resultó ser una página de internet, común a algunos países, la que no les demandó a los asesores del dictador venezolano más que los clics de copiar, pegar e imprimir.

Extenuados quedaron, luego de seis o más horas, los ilustres panelistas, que mal pudieron degustar los apetitosos platos argentinos. En un descuido de los camarógrafos, Evo debió despachar su almuerzo, pues agradeció incluso la repetición.

¿En qué quedaron las bases, que, según Uribe, no lo son? En veremos. El presidente acosado consiguió que Unasur fuera un fiel remedo de la OEA.

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