Por: Julio Carrizosa Umaña

Los bosques y el capital

Durante los últimos setenta años, los mismos de la guerra, Colombia ha perdido gran parte de su capital natural: los minerales extraídos y exportados; el petróleo, del cual solo quedan reservas para seis años; el gas, cuya extracción ahora se acelera;, buena parte de los suelos con potencial agrícola y, sobre todo, los bosques de la costa atlántica, de la región andina y de la cuenca amazónica más cercana a la cordillera en el Caquetá y el Putumayo.

No se ha calculado cuánto vale todo lo perdido, porque no se han llevado las cuentas patrimoniales, es imposible recobrar el oro, el carbón, el níquel, el petróleo, cuyas regalías se desperdiciaron, las arenas, arcillas y rocas calcáreas ahora convertidas en nuestras ciudades, muchas de las cuales, sobre todo Bogotá, se construyeron destruyendo los mejores suelos agrícolas de los valles y las altiplanicies. El inmenso valor de los bosques perdidos está en parte representado por los costos de las inundaciones, de la erosión y de las ciudades destruidas por los desplazamientos de grandes masas, pero podemos tener una mejor aproximación calculando cuánto vale, por ejemplo, restaurar las zonas erosionadas y perdidas para la producción.

El Ministerio del Ambiente, con la colaboración de investigadores del Instituto Humboldt, de Parques Nacionales, de las universidades Javeriana y Nacional y de otras instituciones científicas, terminó en el año 2015 la elaboración del Plan Nacional de Restauración, que tiene una duración de 20 años e incluye actividades de restauración ecológica propiamente dichas y también de recuperación y rehabilitación de ecosistemas. El valor de ese plan es de un poco más de 6 billones de pesos.

Hace pocas semanas el IGAC y el Ideam revelaron que un 40 % de territorio nacional, más de 40 millones de hectáreas, está erosionado. El costo de los trabajadores suficientes para reforestar una área semejante, los 400.000 que propone Paz Querida, sería aproximadamente 8 billones de pesos, sin incluir los costos de su organización y monitoreo.

Estas cifras iniciales llevan a pensar que las pérdidas de capital por la deforestación son del orden de diez billones de pesos y que para recuperar ese capital necesitamos invertir, en 20 años, una suma parecida; no mucho para un proyecto fundamental que disminuiría el desempleo, que podría impulsar la unión de la nación, que gestaría un nuevo patrimonio ecológico para fundamentar el buen vivir en el campo y en la ciudad y que así consolidaría la paz.

 

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