Por: Víctor Muñoz

Los bots también marcharon, o por lo menos manipularon

Del paro del 21 de noviembre y los días subsiguientes se han escrito varios análisis: si la marcha fue convocada o no a partir de mentiras, si asistieron 257.000, según las cifras oficiales, o el millón que dicen los convocantes. Se ha cuestionado si el comité del paro representa o no a todos los ciudadanos que marcharon, o si sólo es un grupo que quiere apoderarse de una agenda política; si la marcha fue ciudadana o tiene manipulaciones políticas en su trastienda. Se ha hablado de los miles de empleos que se perdieron por los bloqueos de la última semana, de los cientos de miles de millones en daños y afectaciones en las ciudades de Bogotá, Cali y Popayán, que terminaremos pagando vía impuestos, de la muerte de Dilan y de los más de 340 miembros de la Fuerza Pública que han resultado heridos.

Un tema sobre el que poco se ha hablado es cuál ha sido el rol de las redes sociales en esta marcha, medio principal de convocatoria de las movilizaciones en América Latina y que se han convertido en un territorio de intensa batalla. Existen tendencias a favor y en contra del paro, tendencias en las que se invita a parar y seguir marchando todos los días, tendencias que condenan la violencia, tendencias con nombres de los afectados, y en algunos casos tendencias con mucho odio.

Dependiendo del período de análisis, 21 al 27 en este caso, podríamos concluir que la conversación del paro se ha desarrollado, con un 85,4 %, en Twitter; 10,5 % en Facebook; 3,1 % en Instagram, y 1 % en otros medios.

En las tendencias de redes, los principales temas de conversación han girado en torno a corrupción, educación, seguridad y empleo, pero el más relevante es violencia, que aparece en cuatro de cada 10 publicaciones. Para muchos, la marcha fue convocada contra el presidente Iván Duque, pero, realmente, sólo el 15 % de las menciones tienen relación directa con él. Esto podría permitirnos concluir que es una marcha contra el sistema, el modelo económico, los partidos y la institucionalidad.

Por el volumen de material compartido a la fecha, es casi imposible medir cuánto ha sido fake news y cuánto es real, convirtiéndose esto en una batalla de versiones y posiciones sobre lo que está pasando, con el agravante de imágenes fuera de contexto y manipuladas.

El 76 % de las publicaciones sobre el paro se han hecho en Colombia, un 7 % proviene de Chile, 6 % de Venezuela y 11 % de otros países. Esto reafirma la idea de que hay terceros con intereses en influir en lo que está sucediendo en el país. El 90 % de la conversación sucede en las ciudades, concentrándose el 60 % en Bogotá.

Los bots (robots que aparentan ser personas) y algunas cuentas anómalas, es decir, esos que se dicen que trabajan en las bodegas, representan el 4 % de quienes están interactuando en las redes en esta marcha, pero están generando cerca del 40 % de la conversación. Esto significa que existe una clara manipulación de lo que se está diciendo: se crean tendencias que convocan a parar y en muchos casos a la violencia. Si el 40 % del contenido que se mueve es de robots, implica que, sumado a lo que comparten otros actores que puede ser fake, más de la mitad de lo que se está diciendo en las redes es manipulado.

Las redes son un instrumento que ha vitalizado la democracia, pero también están sirviendo para la manipulación de masas y la generación de tendencias que producen realidades paralelas.

Empezó la marcha de los bots. Con la utilización de inteligencia artificial, este panorama será cada día más complejo y efectivamente la manipulación será mayor.

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