Por: Luis I. Sandoval M.

Los caminos inéditos de la política

La necesidad de reproducirse en el poder, o de acceder a él, da lugar a los más inesperados virajes. La política no es simple inercia, es imaginación y creatividad. Aun una política conservadurista necesita capacidad de innovación para sostenerse. La política es siempre el anuncio de algo mejor, o al menos distinto, al insufrible presente.  

Colombia experimenta hoy una volatilización de los actores políticos. Hay muchos, muy diversos, ninguno con capacidad de imponerse por mayoría electoral a los demás. Ello está obligando a buscar agregaciones políticas o coaliciones que permitan mínimos legales y máximos electorales en los que el factor predominante de afinidad no es precisamente el programático.

En medio de huracanadas tensiones sociales, políticas e institucionales van dejándose entrever los grandes conjuntos que finalmente disputen el voto en marzo, mayo y junio de 2018. Más fácil está resultando para la derecha posicionarse en el escenario, en sus dos grandes alas, la uribista y la vargasllerista, que para el gran espectro de liberales, centro e izquierda.

En esta orilla están el Partido de la U; Coalición por Colombia de Sergio Fajardo, Claudia López y Jorge Robledo; Todos Somos Colombia y ASI con Clara López; Colombia Humana de Gustavo Petro, y Partido Liberal con sus cuatro precandidatos: Edinson Delgado, Juan Fernando Cristo, Luis Fernando Velasco y Humberto de la Calle.

¿Llegará la derecha en dos grandes agrupamientos a la primera vuelta o se impondrá la idea de unirse para ganar de una a fin de no correr el riesgo de 2014 cuando muchos se unieron contra Zuluaga? Ello podría ocurrir si Vargas Lleras resulta, en algún momento, atractivo y confiable para el uribe-pastranismo, o si esta ambiciosa combinación rodea a Marta Lucía Ramírez, o si posiciona un outsider como Luis Alberto Moreno que sintomáticamente ya comienza a mojar prensa.     

¿Llegará el conjunto de liberales, centro e izquierda plurifurcado o coaligado a la primera vuelta? Los sectores, hoy en ascenso y en pugna, que enfrentan este reto son los de Fajardo, Clara, Petro y Humberto de la Calle. Una vez pasada la definición liberal del 19 de noviembre, y firmas recogidas, se verían abocados a una interpartidaria que podría efectuarse en las parlamentarias de marzo, o acudir a otro medio antes de esa fecha. 

Ideal que alguien de este espectro, progresista y partidario de cumplir los acuerdos de La Habana como se firmaron, y de seguir adelante con la mesa de Quito, ganara en primera vuelta o que, al menos, pasara bien posicionado a la segunda. Colosal esfuerzo y refinada sabiduría se necesitan para que las cosas sean así. Difícil, no imposible.

Es un asunto de responsabilidad y realismo. Si todos tratan de pasar la puerta al tiempo, no pasará ninguno. Si acuerdan una línea de sucesión, como gobiernos de transición, les irá mejor a todos, clarificarán roles y habrá un horizonte de esperanza para el país. De entre ellos mismos debería salir el estratega capaz de armar el rompecabezas, ese gesto demanda generosidad que puede ser retribuida con la opción abierta para el 2022.  

El elemento de oferta política al electorado es definitivo, identificarlo implica dos cosas: capacidad de captar expectativas ciudadanas y capacidad de moldear formas de sentir y pensar del electorado. Colombia necesita instalar en su imaginario de cambio bienes públicos de primer orden: reconciliación, transparencia, cumplimiento, participación, derechos fundamentales. Imposible si la economía no da margen para ello. Se impone afectar el modelo neoliberal extractivista.

El país requiere liberar potencialidades latentes. Los sectores progresistas tienen una oportunidad extraordinaria de sobreponerse a la perplejidad y construir una opción viable. 

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