Por: Felipe Zuleta Lleras

Los chiflados del verde

EL PARTIDO VERDE CIERTAMENTE estaba biche y no aguantó el primer aguacero político y sus frutos y hojas se vinieron al suelo de manera contundente y, me temo, irremediable.

Ya lo habíamos advertido hace un par de meses, cuando sostuvimos que el apoyo del ex presidente Uribe podría significar el abrazo del oso para Peñalosa y, por contera, para la colectividad. Por eso no fue sorpresiva la decisión de Mockus de pedirle a Peñalosa que mejor se vaya para el Partido de la U, en donde seguramente él se sentiría más cómodo, mejor acompañado y ciertamente con más respaldo.

Es realmente lamentable ver la crisis del Partido Verde, en donde sus dirigentes, literalmente parecen los cuatro chiflados, cada uno diciendo lo que se les ocurre, sin medir las consecuencias que, anticipo, llevarán al partido a unas fracturas incurables.

Mockus está violento e intransigente. No acepta ningún apoyo de Uribe y de su gente. Dice que temas como la corrupción y los falsos positivos no pueden ser avalados por el Partido Verde, ni tolerados. Y tratándose de él, pues eso lo refleja de cuerpo entero. Lo incoherente de su parte sería lo contrario. Lucho Garzón sostiene que el Partido Verde recibe todos los apoyos siempre y cuando provengan de personas que no hayan sido condenadas y el expresidente Uribe no lo ha sido por lo que, en estricto rigor, puede ejercer sin limitaciones sus derechos políticos y eso implica poder apoyar a quien le dé la gana, en este caso a Peñalosa.

Fajardo dice que está cansado de tanta peleadera, que el Partido Verde no puede limitarse al tema de la candidatura de Bogotá, que él seguirá aspirando y que no piensa pegarse otro porrazo electoral.

Es realmente lamentable que el Partido Verde haya dilapidado sus millones de votos, que se han esfumado como consecuencia de varios errores estratégicos que arrancaron desde la propia campaña presidencial de Mockus, continuaron con múltiples estupideces y se sumaron las embarradas del propio Peñalosa.

La mezcla de Mockus, Peñalosa, Lucho y Fajardo resultó parecida a un coctel en donde sirvieran champaña y morcilla. No hay estómago que resista al aristócrata estrato seis, al académico teórico pero chifladito, al hijo de la empleada del servicio, inteligente y frentero, y al paisa engreído y confuso. Acabar con el Partido Verde no era propiamente una obra de alta ingeniería y eso lo tiene claro el expresidente Uribe, quien sólo tuvo que pegarle una patadita al árbol para que se cayeran todos los aguacates. Ahora bien, ¿para qué hizo eso el expresidente Uribe? Para acabar con Peñalosa quien, me temo, ya se jodió.

Eso, sin lugar dudas, le despeja el camino a Uribe para llegar a la Alcaldía de Bogotá. Lo veremos inscribiéndose el 10 de agosto a las 4 de la tarde. Pregúntenle a Ernesto Yamhure.

Notícula

Los medios registran la identificación de 10.000 N.N. masacrados, la mayoría niños. Qué horror, y eso apenas da para un registro noticioso. Este país está realmente muy enfermo.

 

 

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