Por: Mauricio Botero Caicedo

Los cinco pilares de la prosperidad

Para el periodista Thomas Friedman y el investigador Michael Mandelbaum son cinco los pilares que se requieren para que una nación se integre y tenga éxito en la economía moderna:

El primero es proveer educación pública de calidad y contenido. Pero el proveer educación tradicional no es suficiente: toda nación que haya escogido integrarse en la era de la tecnología e información, necesariamente tiene que reformar su sistema educativo para colocar a su población en aquellos empleos que, por definición, es menos probable que desaparezcan de un momento a otro.

El segundo pilar es desarrollar una infraestructura de calidad en cuanto a carreteras, puentes, puertos, aeropuertos, comunicaciones, fibra óptica y redes inálambricas para comercializar sus bienes y servicios a costos competitivos a nivel mundial.

El tercer pilar es una política moderna de migración, abriéndole las puertas a aquellos inmigrantes que aumentan el acervo de capital humano, enriquecen el legado cultural y con sus capitales y trabajo contribuyen de manera tangible a forjar el futuro del país.

El cuarto pilar es el apoyo estatal a la investigación, especialmente a aquella que se gesta en las alianzas entre del sector público y el privado, utilizando a las universidades como incubadoras, puentes, y laboratorios.

El quinto y último pilar es reforzar y actualizar el entorno legal, buscando una justicia más expedita, y adecuar la normatividad y el marco regulatorio para competir en un mundo globalizado y permitir un desarrollo armónico del sector público y privado. El marco regulatorio, principalmente en el sector financiero y de los servicios públicos, es esencial para prevenir futuras crisis financieras y abusos al consumidor por parte de los monopolios.

En Colombia estamos gravemente rezagados en buena parte de estos pilares. La educación y la investigación, por decir lo menos, son manifiestamente deficientes; y la educación pública sigue rehén de aquel sindicato de incompetentes, Fecode. En cuanto a la infraestructura, por décadas y décadas, muy poco se hizo. Sin embargo, este Gobierno, con Cardona y Andrade en el timón, ha agarrado el toro por los cuernos y tiene todas las intenciones de medírsele a los enormes retos que una infraestructura moderna requiere. Ojalá que los técnicos en el alto Gobierno se den cuenta de que si bien el costo de la infraestructura es alto, el de no tenerla es aún más alto.

En cuanto a las políticas para incentivar la inmigración y acrecentar el capital humano este país no ha tenido, no tiene, y posiblemente nunca tendrá una política seria y coherente de inmigración. Aquí estamos convencidos de que entre más trabas les pongamos a los inmigrantes, más trabajo habrá para los nacionales, lo cual además de espurio, es torpe y cortoplacista.

Posiblemente en el campo que estamos relativamente mejor es en el regulatorio, especialmente del sector financiero. La realidad es que en estos momentos de extrema turbulencia financiera a nivel mundial, nuestras instituciones financieras siguen capoteado con bastante holgura la tormenta.

Apostilla 1: El expediente, publicado por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, con los documentos incautados a las Farc en la Operación Fénix, pone en evidencia el papel vergonzoso de la Corte Suprema de Justicia al restarle valor probatorio a los “computadores de Reyes”. La Corte con asombrosa ingenuidad y oscuros raciocinios asume que Raúl Reyes era un fabulista, sin papel alguno, que se pasaba sus días en la selva inventando correos y teniendo correspondencia imaginaria con personas.

Apostilla 2: Julio Mario Santo Domingo generosamente otorgó cuantiosos legados a Bogotá y al país sin tener la menor obligación moral o legal de hacerlo. ¡Gracias!
maubotcai@yahoo.com

 

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