Por: Lorenzo Madrigal

Los debates, ¿qué papel jugaron?

Me temo que las decisiones de voto ya estaban tomadas y que los muy repetidos debates de la segunda vuelta no influyeron demasiado. Más lo hicieron los comerciales, unos fallidos y otros exitosos, y, desde luego, la abusiva propaganda oficial.

Los debates fueron cambiando, desde los muy reglados hasta el último, que sería de RCN y se canceló, en que se pensaba dejar totalmente libre la discusión.

Es que no era posible repartir el tiempo al extremo de prefijar unos pocos segundos para la controversia, sin que ésta se diera. Entre otras cosas porque las propuestas eran similares. Si el candidato Óscar Iván proponía algo, el muy avisado presidente interrumpía: ya lo estamos haciendo. A la manera de aquel alumno nerd, muy odioso, que tiene siempre las respuestas.

Donde se dieron enfrentamientos fue en temas de retrovisor, del tiempo en que ambos fueron ministros de Uribe y cuando el renegado pullaba al otro con ofensas. Santos se propuso caracterizar a Zuluaga como agresivo. La táctica surtió efecto. Analistas descalificaban luego el carácter de Óscar Iván como iracundo. Se le vio más bien en exceso paciente y tímido.

El lunes siguiente, en el debate de City TV, programado por El Tiempo y para El Tiempo, Roberto Pombo, su director y primo político del presidente candidato, presidió una discusión más abierta, con réplicas a voluntad. Muy sutilmente el experimentado moderador le permitió a su primo sacudirse el apelativo de traidor.

Como si estuviera convenido, Santos se explayó, con alguna elocuencia —no dispone de mucha— y repasó los temas en que si por cada uno de ellos fuera llamado traidor, de buena gana lo aceptaría.

Cayó luego Óscar Iván en poder de Vicky Dávila, quien comenzó el debate de la FM con preguntas sobre el hacker y el video famoso, en que el candidato aparece desinteresado, desperezándose en una silla de contorno difuso, mientras supuestamente escucha alarmantes informes de seguridad. Video que la Fiscalía reconoció como auténtico, pero adaptado periodísticamente.

Santos tomó entonces el mazo de la justicia y acribilló al acusado mediante interrogatorio, digno de Perry Mason. Zuluaga, erguido, pero con cara de laringitis, hizo lo que pudo por defender su dignidad y le recordó al émulo presidencial que no era juez de la República, sólo su presidente. Nuestra mente revoloteó por los nuevos mejores amigos de Venezuela, donde la administración y la justicia se dispensan por la misma cuerda.

Paradójico. En la encerrona de Vicky, Óscar Iván blandió el florete del Zorro: a la pregunta de si volvería a incursionar en territorio extranjero para abatir a un guerrillero, el agripado candidato cedió el turno de respuesta a Santos, como gestor que fue de esa operación. Fin de los debates, de la campaña y de la votación.
Saludo al nuevo presidente de Colombia.

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