Por: Cartas de los lectores

Los defensores del Tesoro Quimbaya y una referencia inadecuada de Dawkins

Los defensores del Tesoro Quimbaya

Nos da mucho gusto que El Espectador, con su calidad y reputación de siempre, se ocupe de evocar la lucha por el rescate del Tesoro Quimbaya en el texto que aparece en su edición dominical. El señor Fidel Cano ha recibido varias notas nuestras en las cuales se mencionan los esfuerzos realizados desde hace mucho por un colectivo de abogados e historiadores en torno a un hecho que toca con el patrimonio cultural de la Nación.

No obstante, en función del equilibrio noticioso, es necesario dejar en claro que la demanda de acción popular hecha por los abogados Rincón & Rengifo se presentó por lo menos tres años después de que nuestra Academia de Historia del Quindío, AHQ, iniciará dicha causa en 2003. Asunto que, en rigor de verdad, también había sido adelantado muchos años antes por el embajador en España Belisario Betancur, y luego como presidente de la República en compañía del gerente del Banco de la República de entonces, Hugo Palacios. Y como si fuera poco, el escritor Pablo Gamboa se ocupó del tesoro quimbaya en un artículo de 1999 en la Universidad Nacional y posteriormente en su libro clásico sobre el tema específico publicado por Planeta en 2002.

Coadyuvando la demanda mencionada de los abogados, la AHQ determinó en su momento que se debían adelantar dos estrategias: una por el lado jurídico, al tenor de la acción popular citada (cuando aún se podían reclamar beneficios económicos por un fallo positivo); y otra, por el lado diplomático, político y de medios que adelantamos desde entonces con una muy favorable recepción por parte de la opinión pública y unos cuantos escépticos que simplemente nos acreditaban de soñadores.

Este no es entonces un mensaje de rectificación ni de reproche, sino una versión diferente del desarrollo de un caso que ya tiene un alcance nacional gracias a la esmerada mirada legal que recibió de los magistrados de la Corte Constitucional a quienes Colombia les debe este acto razonable de defensa del patrimonio público.

Jaime Lopera G. Presidente de la Academia de Historia del Quindío.

La Biblia

Oportuno el informe, en El Espectador del martes, sobre el encuentro entre Richard Dawkins y el padre Remolina. Observo de entrada que la referencia a la Biblia de parte de Dawkins es inadecuada. Se habla de la Biblia como si fuera un libro. La Biblia no es un libro. La Biblia son 72 libros: 45 libros del Antiguo Testamento y 27 libros del Nuevo Testamento. La referencia a la Biblia como si se tratara de un solo bloque narrativo, ideológico e histórico, ya constituye desde el comienzo un falseamiento de su contenido en cualquier tipo de argumentación. Por ejemplo, no se pueden medir con el mismo rasero el libro del Génesis y el Evangelio de San Mateo. Los separan más de mil años, autores, épocas, ambientes, estilos, ideas, motivaciones, fundamentos y objetivos completamente distintos.

Sobre esa base, la referencia a la Biblia como un libro donde se contienen los mitos de la creencia en Dios y en Jesucristo es un craso error. Comenzando por el significado de la palabra mito. De todos modos, el conversatorio no deja de tener un enorme interés como forma de suscitar una discusión siempre fecunda, siempre abierta, siempre positiva.

Francisco Tostón de la Calle.

Envíe sus cartas a [email protected].

Buscar columnista

Últimas Columnas de Cartas de los lectores