Por: Columnista invitado

Los desafíos venezolanos

Desde el regreso a la democracia en 1958, Venezuela nunca había vivido un proceso electoral tan definitivo para el futuro del país.

No en vano se está presentando una movilización de votantes sin precedentes históricos. Se calcula que de los 19 millones que conforman el censo electoral votarán cerca de 15 millones de personas. Los desafíos son grandes. El próximo gobierno deberá fortalecer la democracia reconociendo el valor político de cualquiera que sea el perdedor.

Si gana las elecciones el presidente Chávez, no habrá mayores sorpresas en el manejo del Estado, pues el gobierno ha sentado las bases para profundizar las reformas ya programadas. Esto significará el aumento de la intervención estatal en la actividad económica, continuando las expropiaciones en forma selectiva, mantenimiento de controles de precios y de cambios, y discrecionalidad en el manejo económico general. En materia política y administrativa se consolidarían la reformas entre ellas la educativa, el reordenamiento territorial, el fortalecimiento de los consejos comunales, eventualmente con transferencias y reasignaciones de presupuesto para compensar la presencia de la oposición en los gobiernos estatales y municipales; continuaría la concentración de atribuciones en el Ejecutivo nacional y el reequipamiento militar.

A la oposición le esperan grandes retos en cualquiera de los dos escenarios. En caso de ganar, tendrá que organizar un gobierno en un ambiente cargado de antagonismo. Además de encontrar unas fuerzas militares politizadas, tendrá que enfrentar el dominio chavista en la Asamblea Nacional, el Poder Judicial, los organismos de control y el consejo electoral. La oposición chavista seguramente se fraccionaría en una amplia gama de grupos, desde los civilistas conciliadores hasta una minoría de extremistas que, sin la influencia catalizadora de su líder, podrían llegar a organizarse para conformar una lamentable oposición armada.

En el interior de su coalición política, un gobierno de Capriles tendría que manejar las presiones de los segmentos más radicales del oficialismo, que exigirían ajustes económicos radicales y una contrarreforma política inmediata rechazando actitudes conciliadoras con la nueva oposición. Un escenario de precios altos del petróleo facilitará enormemente la tarea para cualquiera que sea el ganador. A un gobierno de Capriles le permitirá continuar las políticas asistenciales del chavismo, necesarias para garantizar la gobernabilidad. Así tendría la oportunidad de consolidar una forma de gobierno de muy alto contenido social, pero favorable a la inversión y a la iniciativa privada.

 

* María Luisa Chiappe, exembajadora de Colombia en Venezuela 

 

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