Por: Eduardo Sarmiento

Los descalabros del TLC

La economía colombiana se ha visto asediada por un déficit en cuenta corriente que ha llegado a un valor crítico. Parte de la explicación está en los TLC que le dan menor acceso a las exportaciones colombianas que a las de los países socios.

En las teorías convencionales ideadas por David Ricardo en el siglo XIX se considera que cada país produce y exporta un bien. Los beneficios del comercio internacional están en adquirir en el exterior los productos de menor ventaja comparativa. El resultado es distinto cuando el consumo está representado en una altas proporción en bienes no transables (servicios). En este caso la producción de bienes transables, como industria y agricultura, significa una ganancia por su mayor productividad aprendizaje en el oficio y absorción tecnológica. Así, el comercio internacional tiene un efecto de intercambio proveniente de las importaciones y un efecto de expansión proveniente de la producción y las exportaciones. La experiencia mundial, y en particular la asiática de finales del siglo XX, muestra que el último efecto domina sobre el primero.

El país no ha podido salir de la primera versión de Ricardo. Desde la apertura económica las energías se han orientado a abaratar las importaciones. El primer paso consistió en desmontar los aranceles y propiciar la revaluación, lo que condujo al colapso de 1999. El sumo se dio posteriormente con los TLC que se negociaron con reducciones mayores de aranceles para Colombia, y en el caso de Estados Unidos, se aceptó el mantenimiento de los subsidios a la agricultura. Por lo demás, debido a que las exportaciones colombianas están representadas en 65% en productos básicos cuyos precios se fijan en dólares, el acceso del país a los mercados es menor que el de los socios. La asimetría se puso de presente en todos los estudios previos a la firma del acuerdo, incluso en los oficiales, que anticipaban un aumento notable de las importaciones con respecto a las exportaciones. En contraste, en los documentos del departamento de comercio de Estados Unidos se veía como una gran oportunidad para ampliar sus exportaciones. En el fondo, la negociación del TLC fue un consenso entre las partes para aumentar las importaciones de Colombia y las exportaciones de Estados Unidos. Así, luego de que el país experimentara antes del tratado un superávit comercial de US $ 6.000 mil millones con Estados Unidos, en el presente años registrará un déficit de igual magnitud. Lo mismo ocurrió con el tratado de México y la historia se repetirá en mayores dimensiones con Corea.

El balance global es alarmante. En los últimos diez años las importaciones se quintuplicaron y el déficit en cuenta corriente se elevó sistemáticamente hasta alcanzar el 4.5% del PIB a mediados de 2014. Luego, como consecuencia la caída de los precios del petróleo, pasó a 6%, y de seguro superará el 7% a final del año. La economía quedó expuesta a un desajuste de balanza de pagos que eleva el tipo de cambio, sube la inflación y baja el salario, a tiempo que genera una severa contracción interna que reduce la producción y el empleo.

Como de costumbre, los gobiernos copian recetas de afuera sin conocer las teorías que las fundamentan. El comercio internacional inspirado en la visión de Ricardo conduce a los países dotados de recursos naturales a un desajuste externo que los torna inviables. Los hechos se encargaron de demostrar que el aprovechamiento del intercambio comercial como fuente de progreso está condicionado a la conformación de solidas estructuras industriales y agrícolas. En la práctica se consigue con políticas industriales que propicien las actividades de mayor complejidad y demanda, superávits en cuenta corriente y elevados niveles de ahorro.
 

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