Por: Daniel Pacheco

Los desubicados de Wall Street

Un movimiento creciente de protesta ocupa Wall Street. De hecho así se llama, ‘Ocupa Wall Street’. La aglomeración, que fluctúa entre los miles y los cientos dependiendo de la ocasión, pretende ser, según han dicho algunos de sus miembros, la Primavera Árabe de occidente.

Y como los jóvenes de Egipto y Túnez, ‘Ocupa Wall Street’ está haciendo un uso “revolucionario” de la tecnología 2.0. Por ejemplo, a través de una campaña de Twitter, personas de todo el mundo pueden comprarle pizza de un restaurante en el corazón financiero de Nueva York a los manifestantes. Un grupo de ellos disfrutaba hace poco de un día soleado al lado de una, cortesía de un hombre en Egipto que canalizó la solidaridad antisistema vía MasterCard.


Además de pizza y el fin del capitalismo no es muy claro qué es lo que quiere la Primavera Árabe de occidente. Algunos proponen eliminar a la cara de Andrew Jackson, uno de los presidentes fundadores de EE.UU., del billete de $20, porque fue un asesino de indígenas. Otros proponen una reforma total del sistema de financiación electoral para prohibir el dinero de corporaciones a campañas políticas. Entre puntos como estos gira el debate, pero el tiempo se les agota para averiguar su verdadero objetivo, porque empieza el otoño, que en el occidente neoyorquino no suele ser muy amable con quienes hasta ahora sólo tienen seguro que quieren ocupar las calles.


Mi pronóstico es que no lo lograrán. Esta manifestación se marchitará entre los trending topics de las redes sociales, porque nunca ha sido mucho más que eso. Alcanzó su punto máximo este fin de semana con el arresto de 700 de sus miembros por bloquear el puente de Brooklyn, y agonizará tal vez un par de semanas más entre canciones refritas de los sesenta. “No, no, no nos moverán, no, no…”.


Tal vez la lección menos perecedera de la ocupación es la dificultad real de lograr cambios en una sociedad que es abierta —o, al menos, muy aparentemente abierta—. Los tweets de la Primavera Árabe tenían detrás una voluntad organizada de transición de un régimen cerrado a algo más libre, que aún está en el proceso de definir qué es.


Pero ni siquiera esto existe en las manifestaciones de Wall Street; no están de acuerdo en qué tiene de malo lo que hay, ni qué hay que cambiar.


Una consigna como la libertad, por otro lado, tan flexible para canalizar emociones desorganizadas de inconformidad, tampoco parece en este caso servir de nada. Pues si algo, lo que quieren los ocupas de Nueva York es mayor control financiero, mercados más cerrados y menos libertad de expresión para las corporaciones.


Por eso, por más que duren muchas semanas más en la calle, sin un cambio fundamental en lo que hay detrás de las manifestaciones, por más pizza de Oriente Medio, las protestas de Nueva York languidecerán como las hojas que ya se caen de los árboles de otro otoño de occidente.


 


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