Por: Gustavo Páez Escobar

Los dilemas de Fortul

Antes del secuestro de Nhora Valentina Muñoz, de 10 años de edad e hija del alcalde de Fortul, pocos colombianos tenían conocimiento de esta población de Arauca.

El impacto de la noticia llevó la mirada del país hacia aquella lejana región que se sintió conmovida por el secuestro de esta inocente criatura que entra a engrosar la lista de menores de edad secuestrados.

Según País Libre, este año han sido plagiados 24 niños. Entre 2007 y 2011, el número se eleva a 212. En Arauca se han presentado 5 casos. La ‘industria’ del secuestro, en general, involucra a las Farc, al Eln, a los paramilitares, a las bandas criminales y a la delincuencia común. No siempre se logra identificar la cabeza de la organización que comete el delito, entre otras cosas porque en ocasiones la tarea la ejecutan entre varias de ellas.

Esto es lo que sucede en Fortul, donde tanto las Farc como el Eln se declaran ajenos al hecho, mientras el Comité Internacional de la Cruz Roja se abstiene de revelar con qué grupo armado se entendió para la entrega de la menor. El país tiene derecho a saber las circunstancias que rodearon este episodio macabro que vulnera el derecho a la vida. Ocultando la verdad, así sea con el sentido de prudencia que esgrime la Cruz Roja, se maltrata otro derecho ciudadano: el de la información.

Cada día que pasa desde el rescate de Nhora Valentina se enreda más el ovillo sobre la oscuridad que existe acerca de lo que en realidad ha ocurrido. Este enredijo de dudas, de suspicacias y versiones encontradas debe despejarse cuanto antes. No está claro si en el hecho participaron funcionarios de la administración local, y si el propósito iba dirigido contra el alcalde por algún acto de su gobierno.

Por la información que condujera al rescate de la menor se ofreció, en principio, la suma de 100 millones de pesos, y días después se aumentó la cifra a 150 millones. La intención de la recompensa es sana, dados los efectos que produce. Pero es inequitativa si se tiene en cuenta que en los numerosos casos restantes no existió esa oferta económica, ni se vio el despliegue de la fuerza pública que obtuvo el capítulo de Fortul. La acción mediática contribuyó a esta discriminación, que es injusta, cuando todos los niños son colombianos.

El hoy conocido municipio de Fortul era, hace medio siglo, un lugar perdido en la espesura selvática de Arauca. Por allí transitaban, entre Colombia y Venezuela, y viceversa, comerciantes, ganaderos y buscadores de fortuna que tomaban el río Arauca como medio de locomoción. Hacia 1944 se construyó  una pista de aterrizaje en donde desembarcaban las tropas que iban a combatir a Guadalupe Salcedo. En 1948 se estableció una base militar y se amplió la pista. En 1969 se realizó el primer trazado del pueblo, y un año después nacía la inspección de policía. En 1990 quedó erigido como municipio (el séptimo del departamento de Arauca).

Dista 85 kilómetros de la capital. Es un importante centro agrícola y ganadero. Rico, además, por las regalías petroleras. Su clima medio es de 27 grados, y según el censo del 2005, tiene 21.851 habitantes. Así nació este floreciente lugar que atrae la codicia de los buscadores de fortuna de la época actual, que han tocado en las puertas y en la sensibilidad del alcalde de la población.  

La noticia buena es que la niña volvió a la libertad y a la vida. Lo hizo sonriente y festiva, a pesar de los 19 días de cautiverio. Se le define como una niña risueña, excelente estudiante, hiperactiva. Y como don autóctono, buena bailadora de joropo. Quizá estas virtudes le hayan permitido superar el trauma que supone la privación de la libertad y de sus juegos infantiles. ¡Larga y venturosa vida, Nhora Valentina! Y un futuro más despejado para Fortul. Y para Colombia entera.

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