Por: Hernán González Rodríguez

Los dilemas de la Unión Europea

La revista inglesa The Economist afirma que a pesar del reciente brote de austeridad de la Unión Europea y del fondo que crearon para salvar las economías más frágiles de la zona, emerge tal Unión como una fuerza débil frente a la crisis económica y política que la asedia.

Tanto en Asia como en América se acostumbra considerar con desdén a Europa. Se suele afirmar que está ella avejentada. Que la limitada visión de sus dirigentes y ciudadanos no les permite superar sus adversidades tanto políticas como económicas. Que por el lado político lo harían mejor si sacrificaran un poco de sus soberanías. Y por el lado económico también mejorarían si racionalizaran su proteccionismo social, el cual amenaza con ahogar las naciones  que lo exageran. Pero, así y todo, estos males no benefician a nadie, concluye la revista citada.

Los franceses, inspirados por Jacques Delors, un compatriota brillante e irascible quien presidió la Comisión Europea en 1992, sostienen que la eurozona necesita autoridades con poder para dirigir con criterios más políticos que tecnocráticos. Proponen, así mismo, limitar las competencias desleales, estandarizar las leyes laborales y armonizar los impuestos.

A los alemanes no les agrada este tipo de integración con autoritarismo y con políticos a cargo de las medidas monetarias. Alemania prefiere un sistema con reglas fijas, enmarcadas dentro de tratados, que les impidan a los países gastar en forma exagerada.

The Economist estima que si bien la idea francesa resulta ser inaceptable, la idea alemana es inaplicable. Porque nadie puede decretar que cada uno de los 16 países de la zona del euro se comportará en forma responsable.

Al considerar las contradicciones entre estos dos importantes miembros de la UE se prevén dos escenarios extremos, mayor integración o colapso. Pero estiman algunos que existe un escenario intermedio, consistente en terminar la tarea que inició el señor Delors, esto es, ejecutar lo relativo a liberalizar la economía para establecer un verdadero mercado libre con el fin de superar la unión aduanera que existe hoy.

Mario Monti, un economista italiano y ex comisionado, ha listado casi todo lo que resta por realizar de dicha tarea. Las compañías europeas -afirma- operan tras las barreras arancelarias de sus países. En servicios son 30% menos competitivas que sus similares estadounidenses. En alta tecnología son empresas sobreprotegidas o no existen del todo. El sistema de patentes es caótico. Los gobiernos de la UE monopolizan la energía. Cobrar deudas entre países resulta muy difícil.

En España e Italia existe una clase trabajadora privilegiada. En España gozan de empleo para toda la vida. En casi todos los países de la Unión se jubilan demasiado jóvenes. Resulta irritante saber que en Francia, por ejemplo, se pagan impuestos para jubilaciones a los 60 años, cuando los colegios y los hospitales carecen de dinero.

Los europeos parecen comprender todo esto mejor que sus incompetentes líderes. El 73% de los alemanes y el 67% de los franceses apoyan una economía de libre mercado. Pero como no hay mal que por bien no venga, "esta crisis les está brindando a los líderes europeos la posibilidad de integrarse enfocados sobre el libre mercado. Ojalá la aprovechen", concluye The Economist.

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