Por: Felipe Zuleta Lleras

Los dinosaurios de la moral

Las mujeres colombianas estuvieron esta semana a dos votos de volverse víctimas de una persecución religiosa-conservadora, que hubiera puesto a miles de ellas tras las rejas por practicarse abortos.

Debemos enfatizar el hecho de que el aborto no puede ser usado como método para controlar la natalidad. Pero por lo mismo tampoco se puede prohibir cuando se trata de casos particulares y especiales reglados por la ley y la jurisprudencia.

De acuerdo con las estadísticas que se manejan en el país, en Colombia se practican al año 400 mil abortos. Pero lo sorprendente es que desde que la Corte Constitucional despenalizó la interrupción voluntaria del embarazo en tres casos, en el 2006, sólo se han practicado 976 abortos legales. Esto quiere decir que las mujeres colombianas siguen de alguna manera practicándose abortos en las peores condiciones imaginables. Recordemos que los tres eventos son cuando el hijo es producto de una violación, cuando la vida del embrión es inviable y cuando está en peligro la salud de la madre.

No puede ser que en pleno siglo XXI este país estuvo a punto de retroceder más de 100 años en lo que tiene que ver con los derechos de las mujeres. Como se lo escuché decir a la abogada Mónica Roa en una entrevista que le hiciera para El Radar de Caracol Televisión: “Las reformas constitucionales jamás se pueden hacer para quitarle derechos a los ciudadanos”. Y estuvimos a punto de que eso sucediera. Mediante toda clase de especulaciones y mentiras, muchos de los congresistas pretendieron, por fortuna sin éxito, penalizar una conducta que sólo atañe a las mujeres y al derecho que ellas tienen sobre sus cuerpos.

Si los hombres fueran los que quedaran embarazados jamás estaríamos discutiendo si se deben meter o no a la cárcel a quienes deciden abortar. Detrás de esta discusión, más allá del contenido religioso, hay un detestable sabor machista y de doble moral.

Nadie sensato podría pensar que las mujeres acuden al aborto como si eso fuera agradable. No conozco a ninguna mujer que haya abortado que piense que el aborto, así sea practicado con todos los cuidados médicos, es un placer. Pero peor resulta que deban hacerlo en condiciones de insalubridad o acudiendo a instrumentos como los ganchos de ropa, destrozándose por dentro, como le ocurre a miles de mujeres.

Lo mínimo que debe asegurar el Estado es que sus ciudadanas puedan acceder al sistema de salud cuando decidan interrumpir un embarazo. No hacerlo es condenarlas a morir. Y estuvimos a punto de mandarlas a la cárcel por cuenta de una mano de dinosaurios que se creen los dueños de la moral. Siempre insistiré en que el Estado no puede seguir convirtiendo en delito lo que para la Iglesia es pecado, así monseñor José Vicente Córdoba nos amenace con no ir al cielo. En buena hora senadores como Roy Barreras, Armando Benedetti, Luis Fernando Velasco y Karime Mota, entre otros, se pusieron del lado de miles de mujeres.

@fzuletalleras

Buscar columnista

Últimas Columnas de Felipe Zuleta Lleras