Por: Rafael Orduz

Los dividendos de la polarización

La consigna de hacer campañas políticas, triunfar y gobernar a partir de la estigmatización de los adversarios y la fragmentación de la sociedad siempre ha estado en el repertorio de caudillos políticos. A tiempos de éxito de los modos excluyentes les siguen períodos en los que la moderación y el respeto por las diferencias son la única alternativa viable.

Con Segunda Guerra Mundial de por medio, algo va de la designación de Hitler como canciller de Alemania en 1933 después de unos resultados electorales en los que los nazis, sin ser mayoría, fueron el partido más votado, a la de Adenauer, 17 años después. Hitler, el hombre que condujo a Alemania a la destrucción total, Adenauer, el hombre que sembró la unión europea con la consigna de la moderación. Y de ahí en adelante, pasando por Erhard, Brandt, Schmidt, Kohl, Schröder y Angela Merkel. Varios conservadores y católicos y ninguno lejos del centro y la moderación, todos seculares. La única radicalidad: la democracia, el rechazo a los modelos de Hitler y Stalin.

Hoy, en un mundo en el que naciones, comunidades e individuos vivimos en un marco de interdependencia económica, cultural y tecnológica sin antecedentes, la política polarizante da, de nuevo, dividendos en todos los continentes. Se esperaría que, al contrario, en tales escenarios de diversidad las consignas políticas exitosas fueran las de su reconocimiento.

La fragmentación de la sociedad ha conducido, precisamente, al auge de los movimientos que rechazan la diversidad. Siguiendo con el ejemplo alemán, a pesar de que Angela Merkel ha iniciado un nuevo período, su último como canciller, pasó meses enteros tratando de armar coalición. Los “partidos populares”, CDU y SPD, perdieron gran terreno en las elecciones del 2017 a cambio del surgimiento de movimientos como AfD (Alternativa para Alemania), de extrema derecha y que han extraído enormes utilidades explotando el “crimen” de Angela Merkel hace algunos años: permitir la inmigración de más de un millón de refugiados sirios.

Del paquete de AfD y otras fracciones forman parte la revisión de la historia propia (¿cuál Holocausto?), inimaginable hace una década, y la intolerancia religiosa al extremo: no queremos ver mezquitas.

Y como el norte es la guía, el método Trump está dando resultados. A una tasa de desempleo menor al 4 % (proceso que se inició con Obama) se suman éxitos como el de las negociaciones con Corea del Norte que Trump inició a trompadas. Ha roto con la alianza transpacífica, los acuerdos ambientales y el pacto con Irán, y ayer inauguró la embajada de los EE. UU. en Jerusalén, con decenas de muertos palestinos. Las consecuencias para la paz mundial son impredecibles. Pero podría obtener el Premio Nobel pese a su racismo, su maltrato a los adversarios y sus expedientes con la tormentosa Daniels.

Sin embargo, en cuentos de polarización, los caudillos colombianos dan cátedra al mundo. Expertos en construir enemigos y sacar provecho de ello, es posible que triunfen en el 2018 a menos que una fuerza de centro logre clasificar a segunda vuelta. A mi gusto, quien no polariza es Fajardo.

Buscar columnista

Últimas Columnas de Rafael Orduz

Asesinatos y desconfianza al tope

Centro descentrado

Gracias, Santos, y voto en blanco

Gracias, Fajardo, por la moderación

¿Cuál es el enemigo después de agosto 7?