Por: Hugo Sabogal
Beber

Los encantos de Kuntur marq

En el conjunto actual de regiones productoras de cafés especiales, los nombres de Huila, Nariño y Cauca están merecidamente en boga. Este trío estelar del macizo sureño no sólo supera en volumen a los tradicionales núcleos cafeteros del centro y noroccidente (Quindío, Risaralda, Caldas y Antioquia), sino que en perfil de taza se alza con numerosas medallas y reconocimientos y, lo más importante, con órdenes de compra de exigentes compradores nacionales e internacionales. Tampoco se queda atrás la Sierra Nevada de Santa Marta, en el extremo norte.

¿Dónde queda, entonces, el café diferenciado de Kuntur marq?

Kuntur marq es el nombre del territorio indígena que los españoles castellanizaron como Cundinamarca. Lo traigo a colación porque en chibcha, aymara o quechua, Kuntur marq significa el nido del cóndor, un poderoso símbolo comunicacional para cualquier producto que brote de una tierra fértil de origen volcánico.

Al recorrer esta semana los puestos de exhibición y degustación de la feria Cafés de Colombia Expo 2017 (evento anual organizado por la Federación de Cafeteros de Colombia), no pude resistirme al impulso de querer entender los secretos del café cundinamarqués, anfitrión de este habitual encuentro dedicado a la diversidad de los cafetales colombianos.

Cundinamarca, históricamente, fue una de las primeras zonas cafeteras del país. Adicionalmente, guarda en su territorio condiciones excepcionales para producir granos de alta calidad.

Abundan aquí ecosistemas generosos que transmiten sus nutrientes a los cafetales. Además, el sombrío de carboneros, cámbulos, y flormorados les permiten a los frutos madurar lentamente, algo que añoran las acaloradas plantaciones a cielo abierto.

Todos estos atributos se perciben en la mayoría de las fincas montañosas de provincias cundinamarquesas como Gualivá, Sumapaz, Rionegro, Tequendama Sur, Tequendama Norte, Magdalena, Oriente y Sabana Occidental.

En mi búsqueda tuve la suerte de encontrarme con el agrónomo antioqueño Jaime Gutiérrez, quien produce en el municipio de Arbeláez la marca familiar Café Satori, muy apetecida para la exportación.

Arbeláez está en la provincia de Sumapaz, donde predomina una topografía única que va desde las orillas del río Magdalena hasta el páramo del mismo nombre, abarcando pisos térmicos que oscilan entre casi cero metros sobre el nivel del mar hasta los 3.500 metros de altura.

“Esta diversidad de microclimas, refrescados por los vientos del cañón del Sumapaz, nos permiten obtener cafés de gran expresión aromática y gustativa, con un perfil en taza que sugiere notas a caramelo y a chocolate, con un cuerpo bastante cremoso y una agradable acidez”, dice Gutiérrez.

Son matices que, además de Café Satori, comparten otros cafés especiales de Cundinamarca como La Palma y el Tucán, Bambú y Pacundí.

Y, como el cóndor, ya vuelan alto, reciben medallas de varios quilates y, en el caso de La Palma y El Tucán, comandan precios de venta de casi US$200 por libra.

Siempre hay que estar preparado para descubrir las sorpresas del café colombiano y dirigir la mirada a un departamento de origen milenario que, como Kunder marq, vuelve a despertar.

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