Por: Hernán González Rodríguez

Los escandinavos no son excepcionales

Antes de abordar el tema de fondo comento el empate del centro derecha y el centro izquierda en las elecciones celebradas en Suecia el domingo 9 de septiembre del año en marcha. El repunte del centro derecha se debió a que se oponen a recibir refugiados no seleccionados cuidadosamente. Los suecos hoy —no era así hace poco—, parodiando a Winston Churchill, también sostienen que, “si se nombra un socialista para gobernar el desierto del Sahara, en pocos años, no habrá allí arena”.

Los países escandinavos o países nórdicos son Suecia, Noruega y Dinamarca. Incluyen algunos en este grupo a Finlandia e Islandia. Nima Sanandaji acaba de publicar un libro titulado Los escandinavos no son excepcionales: Cultura, mercados y el fracaso del socialismo de la tercera vía, publicado por el Instituto Británico de Asuntos Económicos.

El Estado de bienestar que presentan algunos ingenuos como la causa de la excepcional superación de la pobreza de los escandinavos, de Suecia en especial, tiene su soporte, para Sanandaji, en su igualitarismo, en la participación femenina y en los impuestos elevados, los más altos del mundo.  

Él es claro, los escandinavos padecen hoy una forma aguda del mismo mal que padecen casi todos sus vecinos,  la “euroesclerosis” del socialismo de la tercera vía, también conocido como socialismo democrático. Esta enfermedad es hija del populismo y es más parte del problema que de la solución.

Un poco de historia. Al finalizar el siglo XIX, habitaban los escandinavos unos países rurales y sin industrias. Entre 1870 y 1960 se industrializaron con base en la confianza, la ética de trabajo y la igualdad social. Durante todo este tiempo, la tasa de dinero canalizado al Estado de bienestar fue siempre menor que la tasa del crecimiento de la economía. Solo entre 1960 y 1990 adoptaron una política muy expansionista, absurda, en pro del Estado de bienestar. Para corregir esto se vienen “neoliberalizando” a partir de 1990, votando por los partidos de centro derecha.

El control de la población adoptado por los países escandinavos ha sido muy severo, especialmente en Suecia. Al respecto, nos informa Sanandaji que la población sueca tan solo aumentó en unos ocho millones de personas entre 1950 y el 2000, en tanto que la creación de empleos por el sector privado se aproximó al 0%.

La diferencia entre el monto de los salarios pagados a los obreros rasos y el pagado a los gerentes no supera las cinco veces. En las familias tienen que trabajar tanto el padre como la madre. El gobierno creó hogares infantiles gratis para facilitar el trabajo de los dos.

En relación con la inmigración, se destacan los países escandinavos por sus rígidas regulaciones para aceptarla. Excluyen a todo aquel que no posea tanto conocimientos y experiencia, como a quienes no hablen sus idiomas con fluidez. La migración para gozar de un futuro mejor se está convirtiendo en una razón “contagiosa”, no siempre justa.

Conclusión de Sanandaji: su envidiable estándar de vida es el resultado de años de vigencia de una economía de mercado anclada en una cultura de gastos racionales para sostener su Estado de bienestar. Esta cultura se desvió durante décadas de incentivos destructivos, perduró hasta cuando sus desviaciones fueron aplastadas por su propio peso. Los escandinavos gozan hoy día de crecimiento económico y de prosperidad gracias a las reformas para restablecer su economía de mercado.

 

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