Por: Columnista invitado EE

Los espacios del paro

Por Sebastián F. Villamizar Santamaría

El actor oculto de este paro ha sido el espacio. Aunque muchos detractores han dicho dónde se debería manifestar y dónde no, esa pregunta en realidad abre la puerta a pensar en que, si el objetivo de las marchas es interrumpir la cotidianidad para que el Estado escuche, entonces el lugar donde se hacen afecta directamente a unas personas y no a otras. Y esta discusión cobra una relevancia fundamental en las ciudades colombianas que son tan divididas espacialmente.

El mapa mental de la segregación residencial, como se llama esta división, es claro para quienes viven en Bogotá: el norte rico y el sur pobre. Aunque varias investigaciones sociológicas han matizado esa idea, es cierto que las personas de clases más altas de la capital, como en muchas ciudades colombianas y latinoamericanas, viven muy concentradas en unos barrios específicos. Y las protestas generalmente no llegan a esos barrios, donde viven políticos, empresarios, ministros y presidentes, que son quienes toman las decisiones que tienen inconformes a miles de personas. Un ejemplo claro de eso fue en Bocagrande, en Cartagena, donde el Esmad bloqueó la entrada a los manifestantes a la vista de varios comensales muy pinchados que estaban almorzando.

Pero quizás el ejemplo más claro de la importancia del espacio fue el martes en la noche. En el Park Way, un lugar más bien hippie-chic y bohemio, hubo un evento del paro que tuvo un cuerpo pequeño del Esmad. A cinco cuadras, en la Universidad Nacional, que es un espacio más bien estigmatizado, era una escena violenta donde ese escuadrón estatal decidió dispararles a los jóvenes, como lo hizo contra Dilan Cruz.

Que las manifestaciones de este paro hayan llegado (o intentado llegar) a los lugares donde viven personas que no están acostumbradas a ver semejantes despliegues ciudadanos y de policía antimotines es novedoso. Primero porque las protestas se vuelven visibles para personas que quizá no se veían afectadas directamente por el paro. Y, segundo, porque el lugar donde se hagan las protestas parece que tiene respuestas estatales distintas.

Por eso es importante sumar la creatividad en el espacio a las acciones más tradicionales de las manifestaciones. Por ejemplo, el cacerolazo en frente del conjunto donde vive el presidente Duque fue un evento clave que interrumpió la cotidianidad y llamó la atención hacia un lugar inesperado. Las personas detenidas en el aeropuerto intentaron hacer una protesta distinta y, aunque no sorprendió la respuesta violenta del Estado, ellas pusieron el foco también en otro lugar importante. Otras han hablado de hacer novenas-cacerolazos, que además se pueden hacer en todo tipo de barrios. Estas formas adicionales de manifestaciones podrían ayudar a aliviar el cansancio de los abusos de las fuerzas de seguridad y, quizá, haga que se sumen las voces que también dicen estar inconformes, pero que reniegan del bloqueo de las vías.

@sebvillasanta

895458

2019-12-13T00:00:45-05:00

column

2019-12-13T08:23:26-05:00

[email protected]

none

Los espacios del paro

21

3160

3181

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Columnista invitado EE

Pablo Correa y las reputaciones científicas

Amazonas y Australia: Pulmones que se asfixian

Un rayo de esperanza