Por: Nicolás Rodríguez

Los ex

“SI HAY ALGUIEN QUE ESTÁ FELIZ ES Andrés Pastrana”, dijo en diciembre Andrés Pastrana. Hablaba de sí mismo con María Isabel Rueda sobre el proceso de paz con las Farc. Como Pastrana, otro que parece estar contento con el proceso de paz es Álvaro Uribe, quien también abusó de la tercera persona y a quien además se le sigue diciendo, como lo hace Rueda con Pastrana, “presidente”.

Y están felices, básicamente, porque ante la idea de la paz siempre habrá un micrófono dispuesto a tolerar que un expresidente hable de él mismo como si se tratara de otra persona. Están pletóricos porque con eso que llamamos “paz” los expresidentes hacen política, ya no partidista, o tan siquiera electoral, sino autobiográfica.

En días de reflexión e impune perifoneo religioso, no está de más interiorizar que en el discurso público la paz también es un bien de consumo. Que por supuesto circula, como cualquier pescado manoseado y engullido en Semana Santa. Ahora mismo Pastrana y Uribe se lanzan flores, coquetean y cabalgan de la mano lo más lejos posible de la misma paz que alguna vez juraron buscar y defender. Pastrana, que no guarda pudor alguno, explica cómo es que se debe hacer la paz.

Y Uribe prácticamente defiende el Caguán. Señor, ¡ten piedad!

Algo va de los incómodos anacronismos de algunos columnistas que ridiculizan toda la fraseología histórica de la paz (palomas blancas incluidas), a las salidas politiqueras de los expresidentes. Lo primero activa el debate, por la vía sana de la provocación. Lo segundo envilece.

Aquí no hay actitud fiscalizadora alguna que valga la pena rescatar. Tan terrenales e interesadas son las carroñeras elucubraciones de los dos políticos en cuestión, que lo único a lo que pueden aspirar con sus mediáticas embestidas, en tiempos en que una guerra de décadas divide al país y requiere otro tipo de liderazgo, es a que algún periodista los vuelva a tratar de presidentes.

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