Por: Santiago Villa

Los fantasmas de Guaitarilla II

Este mes la masacre de Guaitarilla, cumple nueve años de haberse cometido, y todavía despierta graves interrogantes.

La primera vez que vi al paramilitar que afirmó haber estado presente en la masacre de Guaitarilla fue en octubre del año 2011. Era una persona esquiva. Como muchos otros ex combatientes que no han contado toda la verdad en el proceso de Justicia y Paz, quería algo a cambio para narrar lo más grave, el as que se guardó bajo la manga o lo que nunca quiso revelar por miedo. En este caso, protección, un lugar para él y su familia, quizás que lo sacaran del país.

En la columna pasada expuse las dos versiones que se conocen sobre la masacre de Guaitarilla, que aconteció en Nariño el 19 de marzo del 2004. La primera es la que constituye la verdad procesal, avalada por la Procuraduría y por la Justicia Penal Militar. La segunda es la de un ex policía, medio hermano de uno de los muertos de Guaitarilla, Wilson Bernal, quien afirma haber estado allí. Entrevisté a Wilson Bernal varias veces. Estuvimos en el lugar de la masacre y él explicó cómo había escapado. Describió cómo fue la masacre. Su testimonio es inquietante, por decir lo menos. Su narración me pareció convincente.

Hay muchos puntos de contención sobre este tema. Recomiendo la lectura de los comentarios hechos por un forista a mi columna pasada (su nombre es TomasBilderberg), quien me interpela por presentar la versión de Wilson Bernal. Creo que se trata de un miembro de las Fuerzas Armadas, y él expone lo esencial de la versión a la que se han acogido los militares que participaron en la operación que desembocó en la masacre de Guaitarilla, y que es, además, la verdad procesal.

Como dije, hace poco más de un año conocí a un ex paramilitar que tenía un tercer relato, quien no quiso dar entrevista formal, y que se entregó a la Procuraduría General de la Nación para dar la versión que relataré escuetamente. Según esta persona, que tengo identificada pero que no voy a revelar quién es para proteger su seguridad, el grupo de paramilitares al que pertenecía y quienes ejecutaron la masacre protegían una caleta donde había, entre otras cosas, 400 kilogramos de cocaína.

Esta persona dice que los policías querían hacerse con la caleta y que la operación se planeó para impedirlo.

En noviembre del 2011 me presenté ante Marlene Barbosa, la Jefe de la Oficina de Derechos Humanos de la Fiscalía General de la Nación, para presentarle este nuevo testigo, quien quería entregarse directamente a ella. Era un nuevo elemento que habría podido reabrir el caso. En ese momento no sabía que, en abril del año 2004, el entonces Fiscal General Luis Camilo Osorio nombró a la fiscal Barbosa para que llevara esta investigación.

Cuando le expuse que había un nuevo testigo estaba visiblemente molesta y cortó la conversación de forma contundente: “Esos policías fueron allá para delinquir y ese caso ya está cerrado. Eso lo llevó Justicia Penal Militar. Si quiere algo vaya y preséntese allá”, dijo. Aunque la respuesta fue brusca, la Jefa de la Oficina de Derechos Humanos de la Fiscalía no cerró la puerta a que el ex paramilitar se presentara ante las oficinas del CTI. Sin embargo, la respuesta de Barbosa obviamente lo desmotivó de presentarse ante la Fiscalía. Por eso se presentó ante la Procuraduría.

Allí lo acogieron de inmediato, lo llevaron a un refugio y protegieron a su familia. Cuando quise averiguar sobre él con la Procuraduría, no me dieron ninguna información, naturalmente. Una entrevista ya era imposible.

La próxima semana se cumplen nueve años de la masacre. Aprovecho el aniversario para cerrar en esa fecha este relato.

Twitter: @santiagovillach

 

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