Por: Juan David Correa Ulloa

Los garajes de entonces

Unas cuantas veces he escrito que no me parece justo que la literatura para niños y jóvenes no cuente con espacios masivos de di vulgación.

Relegada a los catálogos que subrayan los profesores y puesta al servicio de temas abstractos –de la anorexia al racismo pasando por la adopción—quienes escriben para esas edades parecen una cofradía de gente aparte a quienes se celebra en privado pero poco en público. Se discutirá que la literatura es una sola, pero negar el hecho de que existan esos libros, es como admitir que no nos interesan esos lectores.

Hace unos días terminé de leer Días de rock de garaje la primera novela –que no el primer libro—de Jairo Buitrago, un ilustrador y autor que goza ya de reconocimiento en América Latina por cuenta de libros como Eloisa y los Bichos y El señor L Fante. La novela--serie naranja de S/M, una editorial cuyos colores adornaron mi infancia y adolescencia— es un viaje muy conmovedor y sencillo a la época de quienes fuimos jóvenes en los años noventa y soñábamos con que Bogotá se parecía Manchester.

Julia, su protagonista, tiene once años y el sueño de aprender a tocar guitarra, no sólo por el hecho de hacerlo sino porque está convencida de ser una niña diferente. Quiere ser una rock star para acercarse a su hermano, unos años mayor, y quien, como muchos de entonces, se tomó el asunto de la música en serio hasta convertirse en un experto. Y busca en el mundo de sus amigos la coartada perfecta para que su historia, como la de muchos, termine con una sonrisa mientras se prenden los amplificadores y la batería suena con estruendo, no sin antes afrontar varios problemas, claro.

La novela, como un largo diálogo entre los dos hermanos, nos muestra el crecimiento de Julia, su manera de convertir su barrio en un escenario; su entrañable forma de descubrir –-porque descubre el mundo del conocimiento—que los problemas pueden ser vistos desde otra perspectiva gracias a la música y a la poesía de sus letras. Y además, reivindica cosas sin proponérselo que me parecen importantes: cómo se asume la ausencia del padre y la victimización de la madre; cuáles son las nuevas maneras de la feminidad; cuáles las posibilidades de tener otro destino diferente al de administrador, ingeniero o médico. Pero esos, como dije al principio, son solo temas que no sirven para describir una muy buena novela. Es mejor leerla.

 *Juan David Correa 

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