Por: Lorenzo Madrigal

Los hay que resucitan

No me refiero a Jesús, por supuesto, el primero de los resucitados, esperanza de los cristianos y de todos los mortales. La idea de esta nota es profana y es la de aguijonear a algunos políticos, activos, muy activos aún, pese a que sus tiempos pasaron.

Entre esos resucitados hay uno, cuyo cuerpo no aparece, y es aquel jovencito, a quien tuvieron por “revolucionario del Chicó ”, el por lo demás muy admirado en estas notas, don Enrique Santos Calderón, encarnado ahora mismo en el cuerpo glorioso de su hermano, don Juan Manuel.

Toda la idea de conseguir la paz en esta oportunidad presidencial, prolongada además por cuenta suya, fue de Enrique Santos. Entendí, por su reciente libro, que hasta revisó los discursos de posesión y no me cabe duda de que fue él quien motivó a su hermano para que no dejara pasar la ocasión de firmar una paz, que estimaba imperiosa, así contradijera —¡qué más da!— la doctrina antichavista que venía profesando el único de los hermanos Santos que luchó por el poder y lo consiguió.

Resucita también el ministro Cristo (vaya, Cristo resucitado). Porque parece otro, cuando, adalid de la contracorrupción, exige hoy renuncias que no pidió durante el Ocho Mil, en tiempos de su ínclito jefe, el presidente del 94, a su vez gloriosamente resucitado en Unasur.

Resucitaron al santismo quienes lo combatieron en la primera campaña, como el venerado Antanas Mockus, de quien se hizo mofa entonces, como “el profesor”, que lo es, pero dicho con la ironía de su opositor, que ganó el poder a la grupa de Uribe, su presidente. Hoy Antanas se encuentra financiado en su movimiento de Visionarios, con encargo de hacer movilizaciones por la paz de Santos, las que se han venido cumpliendo con desaliento.

Más raro aun que hayan botado la piedra sepulcral de su marginalidad gloriosos personajes en tránsito de la izquierda-izquierda política al santismo gobernante, el de palomita en pechera.

Resucitan los de siempre, los que nunca han estado en posiciones de peligro, sino bajo el alero de distintos gobiernos, los que hoy son liberales, como ayer fueron de Cambio y mañana de la U, o acaso conservadores. Estos no resucitan, simplemente no mueren ni durante los tres cortos días de la sepultura de Cristo, que nadie entiende cómo fueron contados: el Viernes, Santo Sepulcro y el Sábado en la noche, canto de Gloria.

Como resucitados de excepción se podría llamar a los dos generales que fueron suprimidos abruptamente del conversatorio de La Habana y que, ante la reacción militar y de la opinión, son paseados, con sonrisas fotográficas, a bordo de la suite aérea presidencial y restituidos, eso parece, a la mesa de las negociaciones.

Para estos y para otros más, Felices Pascuas de resucitación política. Para los demás, felices y tradicionales Pascuas de Resurrección.

 

 

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