Por: Juan Carlos Gómez

Los hijos de Sánchez

La polémica que suscitó el vicepresidente Garzón con sus declaraciones acerca del límite de la línea de pobreza en Colombia es necesaria y no debe dejarse pasar así no más.

A propósito de ello el director de Planeación Nacional, Hernando José Gómez, reveló que el 12.5% de los colombianos, es decir, 5.5 millones de personas viven en la pobreza extrema, pues sus ingresos no alcanzan para comprar la canasta básica de alimentos. La población pobre y extremadamente pobre en Colombia llega al 37% y somos el país más desigual de América Latina.

El actual gobierno tiene el objetivo de que 2 millones de colombianos salgan de la pobreza extrema y que 3 millones salgan de la pobreza. Por eso es fundamental que se ponga bien la raya; para no cobrar después falsas victorias.

Coincidencialmente, el tema de la pobreza también fue noticia en estos días en Estados Unidos, después de anunciarse que más de 46 millones de personas (15.1% de la población) viven en ese país por debajo de la línea de pobreza, el número más alto desde 1959, cuando se empezó a medir ese índice. También en Europa se han disparado los índices de pobreza y la situación obviamente va a ser peor al ritmo de la caída de los mercados.

La gran diferencia es que la pobreza en los países subdesarrollados casi siempre viene acompañada de una “cultura de la pobreza”, como denominó hace 50 años el antropólogo norteamericano Oscar Lewis, la triste realidad de que, no solo se hereda la carencia de medios económicos, sino también –y es lo más grave- “un sistema de vida, notablemente estable y persistente, que ha pasado de generación a generación”.

Lewis en su libro “Los hijos de Sánchez” (llevado al cine) siguió durante mucho tiempo en ciudad de México el trasegar de la familia Sánchez, convivió con ellos, compartió sus alegrías y tristezas, gracias a lo cual recogió la evidencia de que en ese país –y lo mismo podría decirse de Colombia-, el fenómeno de la “cultura de la pobreza” es persistente desde la conquista española.

“Solo han cambiado las dimensiones, la ubicación y la composición de los barrios bajos.” Así, parece ser en ciudad de Guatemala, Sincelejo o Arequipa. En todas partes.

[email protected]

 

Buscar columnista

Últimas Columnas de Juan Carlos Gómez

Los milagros económicos no existen

El gabinete en la sombra

La triste historia de los ductos

El estatuto de la oposición contra los medios

La fusión AT&T-Time Warner: causa finita