Por: María Elvira Bonilla

Los iluminados de La Habana

LA PRETENSIÓN DEL GOBIERNO Y principalmente del comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo, de mantener aislados a los voceros de las Farc en La Habana, es inútil, estéril y absurda.

Una formalidad de la que la realidad se ha burlado todo el tiempo. Son decenas los colombianos que han viajado en este año largo de conversaciones a la isla y que han dialogado con los comandantes de las Farc. Periodistas nacionales e internacionales, académicos, asesores o simples ciudadanos interesados en escuchar de primera mano las opiniones de la guerrilla, han buscado rutas de llegada, interlocuciones. Mensajes van y vienen. Hay quienes dicen que se ha avanzado más en las charlas en el “árbol” vecino de la sede de los diálogos que en las mesas formales con papeles y maletines.

Y así sucede en todos las reuniones del mundo. En congresos, asambleas o encuentros de cualquier índole. Es mucho más lo que se avanza en los corredores, las comidas y hasta los cocteles que en los diálogos informales. Y para completar, en la era de los celulares y la internet es imposible mantener silenciado a nadie, con mordazas o amenazas sancionatorias. Al final todo se termina sabiendo. Quien quiera poner a andar una idea o filtrar una información recurre simplemente al Twitter, abre un blog o monta una página web, con lo cual tiene su parlante con el mundo. Las Farc se han aprovechado de todas las herramientas tecnológicas y hacen fluir la información sin pedirle permiso a nadie.

Los comandantes guerrilleros, duchos en clandestinidad, saben esquivar autoridades y conductos regulares. Las prohibiciones terminan finalmente estimular la aparición de formas alternativas de comunicación. Mucho más sano sería posibilitar, como se hizo en el Caguán, el encuentro de los jefes guerrilleros con empresarios, estudiantes, expertos en distintos temas, políticos y congresistas, a quienes también les están poniendo talanqueras. ¿Por qué satanizar el tema de la constituyente y no ponerla a discusión con el propio Congreso como protagonista? En buena hora fracasó el intento de judicializar a los viajeros a La Habana.

Equivocadamente el gobierno ve en los negociadores, escogidos a dedo por el presidente, a un grupo de iluminados con la última palabra, con capacidad para representar a los colombianos. Y no es cierto. No creo que Luis Carlos Villegas, quien ya debe de tener la cabeza más en Washington que en La Habana, represente la voz de los empresarios colombianos, los banqueros y el sector productivo que tendrá que meterse la mano al dril en la eventualidad de un acuerdo. ¿Sí recogen los generales Mora y Naranjo el cuerpo de las Fuerzas Militares? ¿A quien representa Frank Pearl? ¿No sería inteligente tener representaciones de los poderes reales, voces críticas, entre los cuales se debería incluir al uribismo radical? Y no solo personas abyectas al gobierno, que como se va viendo cada día interpreta menos el sentir de los colombianos.

Santos le tiene pavor a perder el control de lo que sucede en La Habana. Lo que no sabe es que no tiene el control y que la presión de la sociedad y la dinámica política acompañada de su debilitado liderazgo y deslegitimación lo llevarán necesariamente a tener que abrir compuertas.

 

 

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