Por: Mauricio Botero Caicedo

Los improvisados ‘Planes Conejo’

Hace un año, concretamente el 2 de octubre del 2016, de improviso en la Casa de Nariño fue necesario fraguar el denominado “Plan Conejo”, cuya finalidad era hacer caso omiso de la sorprendente decisión que los colombianos habían tomado respecto a no aprobar lo acordado en La Habana. La consigna era desconocer discreta y sigilosamente la voluntad popular. Y la verdad es que después del sorpresivo e inesperado triunfo del No, el Gobierno y las Farc acordaron algunos ajustes menores para que, según las acertadas palabras de Juan Lozano, el Acuerdo fuera aprobado por un Congreso que nadaba en “mermelada”.

Haciendo referencia a dicho aniversario, el columnista Sergio Calderón Acevedo, en el diario Portafolio (oct. 2/17), anota: “Desde ese mismo momento se empezó a organizar el segundo golpe: primero se alegó que el margen fue tan estrecho, que era como si hubiera habido empate. Y que en caso de empate, lo mejor es declarar la victoria para el local, para el que sabe de qué se trata, para el que ha liderado el proceso a puerta cerrada y según su propia agenda. Como le dijo Frank Underwood, el protagonista de la serie House of Cards, a su esposa Claire, al tomar decisiones inconsultas: “El pueblo no sabe lo que quiere, yo sí... son como pequeños niños, debemos lavar sus bocas y sus manos, debemos enseñarles lo que está bien y lo que está mal... afortunadamente me tienen a mí”.

Leonidas Bustos, en su día presidente de la Corte Suprema, le dijo al presidente Santos en el 2015 en Cartagena: “Las formas jurídicas no pueden ser un obstáculo para la definición soberana del destino de una nación; el derecho ha de servir al fin máximo de conseguir y mantener la convivencia pacífica del país”. Dicho de otra forma, “Haga, señor presidente, lo que le dé la gana. No deje que las leyes, y mucho menos la Constitución, sean un estorbo para sus deseos”. La certeza de que la Corte lo iba a respaldar le permitió al Gobierno ponerles conejo a casi siete millones de electores.

Pero no sólo en Colombia se fraguó un improvisado ‘Plan Conejo’. En Venezuela, Maduro, acompañado de su ministro de Agricultura Urbana, Freddy Bernal, anunció en septiembre un plan para introducir la cría de conejos en las zonas populares de las ciudades para garantizar el consumo de “proteína animal” en el país frente a la “guerra económica” de la que acusa a Estados Unidos y “capitalistas” locales. El llamado “Plan Conejo” de Maduro pretende reducir el crónico desabastecimiento de alimentos que sufre Venezuela.

Pero Maduro y Freddy están enredados y no les va a quedar fácil la tarea: el conejo no es un animal habitual en la dieta de los venezolanos, entre los que es más popular como mascota que como sustento nutricional. Freddy abogó por activar una campaña para cambiar la visión del pueblo hacia el conejito como mascota y hacerle entender que son “2,5 kilos de carne” en la mesa que ayudarán al “modelo productivo socialista” del país caribeño.

Según un estudio, los venezolanos perdieron el año pasado una media de ocho kilos debido a la escasez de productos y la inflación galopante. En la humilde opinión de este columnista, nuestros hermanos venezolanos, antes de comer conejo, van a seguir perdiendo peso.

Apostilla: Es tal la sumisión y bajeza de los dirigentes del Partido Conservador que uno se pregunta ¿si no estarán cansados de besar cachetes… todos cuatro cachetes?

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